Tras un viaje en un autobús sleeper, en el que a los turistas nos trataron de una forma que dejó mucho que desear, llegamos a Hanoi.
Intentamos desayunar en una cafetería que mostraba textos en inglés, pero al entrar allí nadie hablaba otro idioma que el vietnamita. Ángel acabó entrando en la barra para dar indicaciones a las camareras.
Hanoi es la capital del país y tiene aproximadamente unos cuatro millones de habitantes, junto con Saigón, son las dos ciudades mayores del país. Se encuentra en el margen izquierdo del Río Rojo a unos 100Km. del mar, en una zona repleta de humedales y pequeños lagos, muchos de ellos se encuentran dentro de la ciudad.
La zona más turística se sitúa alrededor del lago Hoan Kiem con un entramado de callejuelas que forman el centro de la ciudad, pero por ello no deja de ser auténtica, en ella viven miles de familias vietnamitas y tiene sus negocios. En la calle es muy habitual encontrarse lo que nosotros llamamos bares de tamaño Pin y Pon, sus pequeñas banquetas de plástico marcan claramente donde puedes tomarte alguna cosa.
Todas sus calles atestadas de circulación hacen que cualquier turista se sienta intimidado en el momento de cruzar una calle. Por lo visto, ha aumentado el parque de automóviles considerablemente coincidiendo con el reciente crecimiento económico del país.
El medio de transporte más común es la 'motorbike', te llevan a cualquier punto de la ciudad pero siempre te timan. Por todos los alrededores encuentras grupos de turistas paseando en los ciclos que te ofrecen paseos de una hora.
El parque que rodea el lago es muy tranquilo, en el centro un puente con una pagoda que es uno de los atractivos para los turistas.
St Joseph Cathedral
Muy cerca del lago se alza la catedral en una pequeña plaza. Hoy, que no era festivo, se encontraba engalanada con estandartes rojos y se celebraba una multitudinaria misa con cánticos en su interior.
Mausoleo de Ho Chi Minh y palacio presidencial
Como manda la tradición en todos los países comunistas, el líder muerto posee una fastuosa tumba. En este caso tenemos ante nosotros un enorme edificio de mármol con columnas en el centro de una gran plaza, rodeado de jardines y espacios abiertos donde los militares custodian la zona.
Contrariamente a la decisión del propio Ho Chi Minh, él quería ser incinerado, su cuerpo se encuentra embalsamado y yace aquí desde su muerte en 1969.
Al palacio presidencial no nos dejan ni acercarnos, cuando te acercas a menos de cinco metros de la verja ya tienes a los militares pitando sus silbatos.
One Pillar Pagoda
Una pagoda construida en 1049 que su forma simula una flor de loto. Nosotros tuvimos que dar un par de vueltas para poder identificarla. A fecha de hoy, todavía es un lugar de culto.
Ferrocarriles
La pequeña estación de ferrocarril de Hanoi se encuentra dentro de la zona vieja de la ciudad. Si bien no es nada del otro mundo, resulta curioso ver salir los trenes atravesando la ciudad por estrechas vías y pasos de nivel manuales. Existen tramos de vía que transcurren junto a las viviendas.
Templo de la literatura
Se trata de un complejo que consta de cinco partes, donde la clase noble del país estudiaba literatura. Fue fundado en el año 1070 en honor a Confucio y posee numerosos detalles dentro del inmenso jardín que lo rodea.
La pagoda central y su estanque es una de las construcciones más emblemáticos de Hanoi, hasta el punto que en el reverso del billete de 100.000 dongs aparece una representación.
Durante la visita pudimos ver como un grupo de jóvenes celebraban algún acontecimiento en el que todas iban vestidas con sus mejores galas. Les encanta ser fotografiadas, posan como si de verdaderas modelos se tratase.
En la ciudad hay numerosos museos, templos y edificios culturales. También cuentan con varios teatros y la Ópera House.
Homenaje gastronómico
En estos días hemos quedado con un viejo compañero de trabajo que reside aquí con su mujer vietnamita y hemos podido disfrutar de una cena tradicional en uno de esos lugares que sólo ellos saben. ¡Excelente!
Desde aquí les agradecemos, no sólo eso, sino que el segundo día Jaime cocinó para nosotros una judiada y Lan nos demostró que está totalmente adaptada a las tradiciones españolas, deleitándonos con un gazpacho para chuparse los dedos. Como podéis imaginar ha sido un broche de oro. ¡Gracias chicos! Os debemos una...
Para salir de Vietnam nos dirigimos al aeropuerto e intentamos ir en un autobús especial para turistas. Preguntando a los vietnamitas no pudimos encontrar dicho autobús, ellos nos decían que sólo se puede ir en taxi. Ante tanto impedimento, decidimos no irnos del país sin subir a un autobús que ellos consideran suyo, los autobuses públicos. Al final por 5.000 Dongs (0,20€ cada uno) y una hora de viaje, llegamos a nuestro destino siendo el centro de atención de todos los pasajeros. Para finalizar nuestro viaje en Vietnam ha sido todo un logro.
Descubrir algunos paises de Asia era algo que teníamos pendiente. El destino ha querido que podamos cumplir este objetivo. ¡Año nuevo, vida nueva!
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martes, 19 de abril de 2011
sábado, 16 de abril de 2011
Bahía de Halong
Como siempre, para poder hacer esta visita, hemos tenido que contratar una excursión, no sin antes asegurarnos que pagábamos el mínimo precio posible, pues ya sabemos que siempre se accede al mismo circuito, ¡pagues lo que pagues! La opción elegida fue la de dos días y una noche a bordo de uno de los típicos barcos de la bahía.
Desde Hanoi la distancia es de 170Km. que se convierten en casi cuatro horas de viaje por carretera. Tuvimos suerte, pues éramos un grupo pequeño de sólo 13 personas para un barco bastante grande. Dentro del grupo hicimos ‘buenas migas’ con Julio y Luciana, una pareja de argentinos que llevaban viajando 13 meses y con un par de hermanos serbio-maños, nacidos en la antigua Yugoslavia, pero educados por una familia de acogida en Teruel durante la guerra de los Balcanes, ahora residen en Chicago, una mezcla simpática.
Al llegar al puerto la cantidad de gente era asombrosa, y cada día es así. Un trasiego constante de autobuses que llegan con los visitantes y los barcos que los recogen. Hoy no hemos tenido suerte con la climatología, llevamos varios días sin ver el sol y además, incluso tenemos niebla, lo cual dificultará el disfrute del paisaje.
La Bahía de Halong tiene una extensión de 1.500Km2 y cuenta con más de mil formaciones calcáreas que emergen de las aguas color verde esmeralda, aunque hoy dejémoslo sólo en ‘verde’, por aquello de la falta de luz solar.
Ya a bordo del barco nos asignan camarote y nos disponemos a comer, tenemos unas dos horas de trayecto entre los islotes hasta llegar a la ensenada más emblemática, donde se agolpan los barcos de los turistas para visitar la cueva de Hang Sung Sot.
A la cueva se accede tras subir una empinada y larga escalera. Consta de tres cámaras enormes donde se pueden ver formaciones de estalactitas y estalagmitas, se hace el recorrido siguiendo una senda marcada. Todo su interior está levemente iluminado con luces de colores y a pesar del enorme gentío que había, su enorme tamaño y la altura de su techo permite sentirse desahogado.
Proseguimos camino a bordo del barco hasta una nueva ensenada, donde se podía hacer kayaking o bien disfrutar de tiempo libre.
Al caer la tarde anclamos en un nuevo enclave junto al resto de los barcos para pasar la noche. Parece mentira que siendo la bahía tan grande, existiendo cientos de lugares alternativos tengan a todos los barcos tan cerca unos de otros.
La bahía se encuentra inscrita en la lista del Patrimonio mundial de la UNESCO. Ahora, además, hacen campaña para que sea votada como una de las 7 maravillas naturales del mundo. Aunque quizá lo sea, dudamos que lo merezca, pues no creemos que estén manteniendo limpia la bahía, hay mucha suciedad en las aguas proveniente de los cientos de barcos que navegan en ella.
Desde Hanoi la distancia es de 170Km. que se convierten en casi cuatro horas de viaje por carretera. Tuvimos suerte, pues éramos un grupo pequeño de sólo 13 personas para un barco bastante grande. Dentro del grupo hicimos ‘buenas migas’ con Julio y Luciana, una pareja de argentinos que llevaban viajando 13 meses y con un par de hermanos serbio-maños, nacidos en la antigua Yugoslavia, pero educados por una familia de acogida en Teruel durante la guerra de los Balcanes, ahora residen en Chicago, una mezcla simpática.
Al llegar al puerto la cantidad de gente era asombrosa, y cada día es así. Un trasiego constante de autobuses que llegan con los visitantes y los barcos que los recogen. Hoy no hemos tenido suerte con la climatología, llevamos varios días sin ver el sol y además, incluso tenemos niebla, lo cual dificultará el disfrute del paisaje.
La Bahía de Halong tiene una extensión de 1.500Km2 y cuenta con más de mil formaciones calcáreas que emergen de las aguas color verde esmeralda, aunque hoy dejémoslo sólo en ‘verde’, por aquello de la falta de luz solar.
Ya a bordo del barco nos asignan camarote y nos disponemos a comer, tenemos unas dos horas de trayecto entre los islotes hasta llegar a la ensenada más emblemática, donde se agolpan los barcos de los turistas para visitar la cueva de Hang Sung Sot.
A la cueva se accede tras subir una empinada y larga escalera. Consta de tres cámaras enormes donde se pueden ver formaciones de estalactitas y estalagmitas, se hace el recorrido siguiendo una senda marcada. Todo su interior está levemente iluminado con luces de colores y a pesar del enorme gentío que había, su enorme tamaño y la altura de su techo permite sentirse desahogado.
Proseguimos camino a bordo del barco hasta una nueva ensenada, donde se podía hacer kayaking o bien disfrutar de tiempo libre.
Al caer la tarde anclamos en un nuevo enclave junto al resto de los barcos para pasar la noche. Parece mentira que siendo la bahía tan grande, existiendo cientos de lugares alternativos tengan a todos los barcos tan cerca unos de otros.
La bahía se encuentra inscrita en la lista del Patrimonio mundial de la UNESCO. Ahora, además, hacen campaña para que sea votada como una de las 7 maravillas naturales del mundo. Aunque quizá lo sea, dudamos que lo merezca, pues no creemos que estén manteniendo limpia la bahía, hay mucha suciedad en las aguas proveniente de los cientos de barcos que navegan en ella.
jueves, 14 de abril de 2011
Sapa
Es uno de los destinos más bonitos que ofrece el norte del país. Para llegar hay que contratar una excursión, pues hacerlo de forma independiente supone pagar lo mismo o más y tener que pelearse continuamente. Vietnam es un país donde no les gusta que los turistas se muevan de forma autónoma, lo confirmamos por experiencia.
Finalmente hemos decidido adquirir la excursión de tres noches y dos días por 75$ por persona, el precio más barato que hemos encontrado ya que, tenemos claro que pagues lo que pagues haces lo mismo. Tomamos un tren en Hanoi y viajamos durante toda la noche. Ha sido una sorpresa agradable, se trata de un viejo ferrocarril sobre vía estrecha que avanza muy despacio, hasta el punto que tarda 10 horas en hacer los 350Km. hasta llegar a Lao Cai, casi en la frontera con China.
El Orient Express, un vagón con compartimentos de cuatro literas cómodas y limpias. De esta forma viajamos toda la noche y pudimos dormir a pierna suelta, mejor que en muchos hoteles en los que hemos pernoctado.
Al llegar a Lao Cai, en la misma estación, decidimos cambiarnos el calzado. Las botas son la mejor elección, ya que nos hemos encontrado con un clima de montaña y la humedad es muy acusada. Nos recoge una miniván para hacer por carretera el camino que nos separa hasta Sapa, unos 35Km.
Durante el trayecto confirmamos nuestras sospechas. Otros turistas habían pagado dos y tres veces más por el mismo paquete. El gobierno marca un precio y el resto es la comisión de las agencias. Consejo para todos los interesados: no paguéis más de la cuenta, siempre es el mismo tour.
Sapa es una pequeña ciudad entre las montañas donde se concentran numerosas terrazas de arrozales que crean un paisaje único. Todo el valle se encuentra rodeado de montañas, algunas de las cuales superan los 3.500m. de altitud. Nos encontramos dentro de un paisaje que recuerda lugares tan distantes como Suiza. Aquí la gente tiene rasgos muy diferentes, otra lengua, otra vestimenta, otra alimentación, y aunque comparten con los demás vietnamitas esa desagradable afición por querer timar al turista continuamente, al menos lo hacen de una forma más agradable, son como más ‘simpáticos’.
Durante nuestro primer día hicimos un trekking de unas cuatro horas, atravesando los arrozales y descendiendo algunas cuestas que hicieron que, los menos preparados pasasen algunas dificultades. Lo hacen bien, a pesar de que son muchos los turistas, nos separan en pequeños grupos y tratan de que coincidamos durante la caminata, de esta forma se pueden disfrutar mejor los paisajes sin que molestas personas aparezcan continuamente en el visor de tu cámara.
Un grupo de mujeres locales, ataviadas con trajes típicos, nos acompañaban en todo momento, lógicamente el único motivo era tratar de vendernos algún souvenir.
Aquí las mujeres intentan adaptarse al turismo y muchas de ellas chapurrean inglés. Los hombres se quedan en las granjas. Llevan varios tipos de vestimenta, todas ellas tejidas por ellas mismas. En uno de los poblados, todas llevan el pelo larguísimo y se lo peinan con una coleta rodeando la cabeza y colocándose unas peinetas. Otras llevan un pañuelo rojo colocado de delante hacia atrás con algunos colgantes. Son muy diferentes entre sí, pero todas se dedican al textil y llevan su capazo a la espalda.
Las vistas de las terrazas son bastante espectaculares, a pesar de que hoy la niebla está muy metida en el valle y no nos deja poder disfrutar de un día soleado. La variedad de formas es indescriptible, todas suaves y sin cortes acusados, en lo más alto, en lo más bajo, hacia delante o hacia detrás, no sabes hacia donde mirar, todo es asimétrico pero con armonía.
Tras terminar el trekking, a la llegada al pueblo de Lao Chai, la organización había preparado una comida para todos los grupos. Después se prosigue con la visita del pueblo de Taván, desde allí se toma una miniván para regresar a Sapa y no tener que deshacer todo el camino andado, que de bajada hace algo de gracia, pero subida…
Al caer la noche la niebla lo vuelve a cubrir todo. Es una sensación extraña pues no hace frío, pero la apariencia es como si estuviésemos a bajo cero. La humedad es brutal, todo está mojado: el suelo, las paredes, dentro de la habitación del hotel, ¡todo!
A la mañana siguiente hicimos una caminata por los alrededores de Sapa, bajamos una escalera interminable hasta Cat Cat donde pudimos ver algunos paisajes preciosos, una cascada y sobre todo, y desafortunadamente, multitud de tiendecitas para que los turistas piquen el anzuelo.
El pueblo en sí no tiene nada especial, pero está en el centro del valle rodeado de montañas. Algo que nos ha llamado la atención es la cantidad y variedad de setas que tienen por aquí, utilizan las calles como secadero. Una gran plaza, una iglesia, el mercado y un lago marcan el centro de la ciudad, donde prácticamente se concentra todo, sus calles son rampas empinadas o interminables escaleras y, si quieres alejarte del centro y desplazarte de una zona a otra siempre tienen una garita donde te cobran una entrada. ¡Penoso!
Finalmente hemos decidido adquirir la excursión de tres noches y dos días por 75$ por persona, el precio más barato que hemos encontrado ya que, tenemos claro que pagues lo que pagues haces lo mismo. Tomamos un tren en Hanoi y viajamos durante toda la noche. Ha sido una sorpresa agradable, se trata de un viejo ferrocarril sobre vía estrecha que avanza muy despacio, hasta el punto que tarda 10 horas en hacer los 350Km. hasta llegar a Lao Cai, casi en la frontera con China.
El Orient Express, un vagón con compartimentos de cuatro literas cómodas y limpias. De esta forma viajamos toda la noche y pudimos dormir a pierna suelta, mejor que en muchos hoteles en los que hemos pernoctado.
Al llegar a Lao Cai, en la misma estación, decidimos cambiarnos el calzado. Las botas son la mejor elección, ya que nos hemos encontrado con un clima de montaña y la humedad es muy acusada. Nos recoge una miniván para hacer por carretera el camino que nos separa hasta Sapa, unos 35Km.
Durante el trayecto confirmamos nuestras sospechas. Otros turistas habían pagado dos y tres veces más por el mismo paquete. El gobierno marca un precio y el resto es la comisión de las agencias. Consejo para todos los interesados: no paguéis más de la cuenta, siempre es el mismo tour.
Sapa es una pequeña ciudad entre las montañas donde se concentran numerosas terrazas de arrozales que crean un paisaje único. Todo el valle se encuentra rodeado de montañas, algunas de las cuales superan los 3.500m. de altitud. Nos encontramos dentro de un paisaje que recuerda lugares tan distantes como Suiza. Aquí la gente tiene rasgos muy diferentes, otra lengua, otra vestimenta, otra alimentación, y aunque comparten con los demás vietnamitas esa desagradable afición por querer timar al turista continuamente, al menos lo hacen de una forma más agradable, son como más ‘simpáticos’.
Durante nuestro primer día hicimos un trekking de unas cuatro horas, atravesando los arrozales y descendiendo algunas cuestas que hicieron que, los menos preparados pasasen algunas dificultades. Lo hacen bien, a pesar de que son muchos los turistas, nos separan en pequeños grupos y tratan de que coincidamos durante la caminata, de esta forma se pueden disfrutar mejor los paisajes sin que molestas personas aparezcan continuamente en el visor de tu cámara.
Un grupo de mujeres locales, ataviadas con trajes típicos, nos acompañaban en todo momento, lógicamente el único motivo era tratar de vendernos algún souvenir.
Aquí las mujeres intentan adaptarse al turismo y muchas de ellas chapurrean inglés. Los hombres se quedan en las granjas. Llevan varios tipos de vestimenta, todas ellas tejidas por ellas mismas. En uno de los poblados, todas llevan el pelo larguísimo y se lo peinan con una coleta rodeando la cabeza y colocándose unas peinetas. Otras llevan un pañuelo rojo colocado de delante hacia atrás con algunos colgantes. Son muy diferentes entre sí, pero todas se dedican al textil y llevan su capazo a la espalda.
Las vistas de las terrazas son bastante espectaculares, a pesar de que hoy la niebla está muy metida en el valle y no nos deja poder disfrutar de un día soleado. La variedad de formas es indescriptible, todas suaves y sin cortes acusados, en lo más alto, en lo más bajo, hacia delante o hacia detrás, no sabes hacia donde mirar, todo es asimétrico pero con armonía.
Tras terminar el trekking, a la llegada al pueblo de Lao Chai, la organización había preparado una comida para todos los grupos. Después se prosigue con la visita del pueblo de Taván, desde allí se toma una miniván para regresar a Sapa y no tener que deshacer todo el camino andado, que de bajada hace algo de gracia, pero subida…
Al caer la noche la niebla lo vuelve a cubrir todo. Es una sensación extraña pues no hace frío, pero la apariencia es como si estuviésemos a bajo cero. La humedad es brutal, todo está mojado: el suelo, las paredes, dentro de la habitación del hotel, ¡todo!
A la mañana siguiente hicimos una caminata por los alrededores de Sapa, bajamos una escalera interminable hasta Cat Cat donde pudimos ver algunos paisajes preciosos, una cascada y sobre todo, y desafortunadamente, multitud de tiendecitas para que los turistas piquen el anzuelo.
El pueblo en sí no tiene nada especial, pero está en el centro del valle rodeado de montañas. Algo que nos ha llamado la atención es la cantidad y variedad de setas que tienen por aquí, utilizan las calles como secadero. Una gran plaza, una iglesia, el mercado y un lago marcan el centro de la ciudad, donde prácticamente se concentra todo, sus calles son rampas empinadas o interminables escaleras y, si quieres alejarte del centro y desplazarte de una zona a otra siempre tienen una garita donde te cobran una entrada. ¡Penoso!
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