Ayer llegamos a la ciudad de Udaipur tras un viaje en bus de sólo 350 Km. que nos ha llevado 9 horas, dentro de un autobús destartalado, que no le entraban las marchas y que cuando la carretera se ponía cuesta arriba, tiraba de primera marcha que era un primor… Ya teníamos pensado no empujar.
Very, very confortable, los asientos eran automáticos pero la posición era fija. Por momentos, nos recordó al camión de los horrores de Zambia.
La disposición de los asientos era de 2-1 y sobre nuestras cabezas literas cerradas con cristal.
Al llegar nos tocó pelearnos con los conductores de los tuc-tucs, son unos timadores. Finalmente junto con una alemana nos llevaron al hotel por menos de la mitad de lo que nos pedían por dos personas.
A la mañana siguiente y tras pedir que nos cambien de habitación, ya que nos habían metido en una zulo, nos ponemos en marcha:
Udaipur es una ciudad rodeada por un gran lago y a pesar de estar en época seca, se le ve bien repleto de agua. El lago esta rodeado de palacios, de hecho, uno de ellos se alza sobre una isla y es donde se rodaron algunas escenas de la película de James Bond - Octopusy.
La ciudad es un caos total aunque parece algo más limpia que las anteriores. El número de pedigüeños y de pobres que se ve por el centro de la ciudad es enorme. Nos ven cara de cajeros automáticos.
La mayoría de los comercios te venden pinturas de todo tipo.
Templo de Jagdish
Caminando nos encontramos casi de bruces con el asombroso templo, donde en ese momento había un trasiego de gente que entraba y salía de él. Es un tempo de estilo indo-ario que data 1651.
Tras subir una empinada escalera, accedemos y lo primero que vemos es mucha gente de rodillas o sentada en el suelo en fila esperando recibir comida, creemos que debe de tratarse de algún tipo de ayuda a los más pobres.
Palacio de la ciudad
Es el más grande de Rajasthán con una facha de 244m de longitud, se compone de varias edificaciones erigidas por varios marajás. En su interior hay un museo el cual alberga diferentes pinturas, cuadros y escenificaciones que a nuestro entender no son de gran interés. Te hacen seguir una ruta que parece que andas por las cocinas. Todo está en muy mal estado. Decidimos no entrar con cámara ya que lo que nos pedían nos parecía desproporcionado, cuatro veces más que la propia entrada. No nos arrepentimos.
Como Ángel se había comido un Dal Makhani, un combinado de judías, lentejas con todas las especias habidas y por haber y había que bajar todo eso, decidimos perdernos caminando por la ciudad, nunca mejor dicho, tras desorientarnos no pudimos encontrar el camino de vuelta ni con ayuda. Les enseñas un mapa y es como si les enseñaras un Cubo Rubik, son incapaces de interpretarlo. Finalmente tras dos horas de pateada, lo conseguimos.
Al llegar al hotel, tenemos una nueva habitación. Tres veces más grande, limpia y con vistas al lago. Lo dicho: “el que no llora, no mama”.