Llegar hasta esta ciudad ha sido toda una odisea. Tomamos un autobús a las 7 de la mañana, se supone que el trayecto es de 170Km. y se tarda unas seis horas.
El desplazamiento hasta Chitwan lo hacemos en paralelo al río Seti, sus aguas son de color chocolate y siempre acaban de alguna forma en el Ganges.
Numerosos arrozales en todo el trayecto y como siempre, los habitantes se desplazan por las estrechas carreteras, todo un peligro ya que nos encontramos con agricultores cargados, obras en pleno proceso y los niños dirigiéndose al colegio, más vale no mirar.
En este país, como ya habíamos comentado anteriormente, los ciudadanos hacen huelga día si y día también para presionar al gobierno, después de cinco años siguen sin haber escrito la constitución.
Al llegar a la central de autobuses, una vulgar explanada de tierra, nos pareció que no se trataba de un autobús turístico sino de un bus local, pero la mitad del pasaje era guiri y por lo visto no había otro medio de transporte.
Cuando llevábamos casi dos horas de trayecto pararon en el arcén e hicieron bajarse a todos lo nepalíes, esto ya nos hizo sospechar, algo iba a ocurrir. De repente, de morros nos encontramos con un gran piquete que tenía cortada la carretera principal.
No podíamos pasar porque se trataba de una compañía determinada. El calor era agobiante, no había ni un pedacito de sombra y evidentemente no llevábamos aire que no fuera el que entraba por las ventanas. Al final, todos abajo para poder respirar. Intentamos hablar con los revolucionarios pero no les pudimos convencer. Pretendían tenernos hasta las seis de la tarde parados. Todos los turistas hicimos las llamadas a nuestros destinos para avisar, fue un caos.
Cuando llegaba algún autobús claramente turístico no había problema, retiraban barreras y pasaban, pero nosotros allí seguíamos, nos faltaba el distintivo azul. Cada vez que llegaba algún vehículo, una masa humana se arremolinaban a su alrededor y con la mirada registraban a cada uno de los viajeros.
Finalmente y como por arte de magia la solución llegó en poco más de hora y media, nos hicieron dar un rodeo por un puerto de montaña y llevar a dos pasajeras nepalíes. Una buena solución ante lo que nos hubiera esperado.
Un par de kilómetros más adelante, recogemos a todo el pasaje nepalí que llevaba esperando durante todo este tiempo bajo la sombra de un árbol. Los reubicaron a todos como si de la India se tratase.
Finalmente llegamos y nos recogen en otra explanada, nos alojamos en el Chitwan Village Resort, aquí a todos los hoteles les llaman resorts.
El tiempo es mucho más caluroso y la humedad es elevada, la ducha se convierte en nuestra mejor amiga.
Al atardecer fuimos a un ‘centro cultural’ para ver el ‘stick dance’, una especie de danza con largos palos que si se descuidan se desnucan los unos a los otros.
En los alrededores del parque viven indígenas Tharu, se asentaron en el bosque llamado el tarai huyendo de los mongoles, en la frontera entre Nepal y la India. Dicen que sus grandes protectores eran los mosquitos transmisores de la malaria, pues han desarrollado cierta resistencia a la enfermedad mortal.
Parque Nacional de Chitwan
Al día siguiente, muy temprano, nos adentramos en el parque nacional para hacer Bird Watching. El lugar es un paraíso para las aves, verde, verde y más verde y siempre con el río Rapti en los alrededores, en sus aguas habitan los gaviales, los cocodrilos con el hocico alargado.
Cuentan con más de 450 especies diferentes de aves y 65 tipos de mariposas, la vegetación es ribereña y crecen más de 70 especies de hierba.
Al otro lado del río los monos campan a sus anchas. Pudimos ver como un macaco ‘intentaba’ cazar a un pavo real que observaba el parque desde la copa de un árbol. Fue emocionante ver acercarse al mono como el que no quiere la cosa. De rama en rama, la distancia al pavo iba disminuyendo, pero éste no perdía ripio y cuando más cerca estaba su atacante, a sólo un salto, echó a volar dejando al mico sin desayuno. Él lo había intentado.
Por la tarde hicimos un recorrido a lomos de un elefante por la jungla. Todo por ver al rinoceronte de un solo cuerno. El camino estaba muy empantanado, todo lleno de agujeros de las pisadas de los elefantes y el bosque es muy frondoso, tenemos que ir con cuidado con las ramas de los árboles.
En el elefante se suben cuatro personas, una en cada esquina del asiento. Tuvimos mala suerte y nos tocó un matrimonio hindú con un niño. Imaginaos la ilusión que le hizo a Ángel. A los diez minutos al niño le dio por dormirse y su cabeza continuamente nos daba en la espalda. El papá hindú era de grandes dimensiones y además portaba un paraguas para el sol, con él nos daba golpes en la cabeza y les declaramos la guerra, empezó la lucha por unos centímetros de espacio, uno codo por aquí y otro por allá.
Después de un rato y tras pasear por la espesa jungla pudimos ver al rinoceronte asiático, con sólo un cuerno y en peligro de extinción.
Hace algunos años su número se había reducido a menos de 100, pero actualmente cuentan con unos 400 ejemplares. En su edad adulta puede llegar a medir unos 180cm. de alto y poseen una armadura muy espesa, según dicen es difícil de penetrar incluso con una bala.
Actualmente el ejército protege a estos animales castigando severamente a los cazadores furtivos. Por lo visto, todos y cada uno de los órganos de este animal son un remedio a un montón de supersticiones.
A pesar de que por lo visto hay unos 120 tigres de Bengala en este parque, con tanto elefante tampoco pudimos verlo. La caza furtiva también les afecta, pero principalmente el gran problema es la pérdida gradual de su hábitat. Cada ejemplar necesita unos 60Km. de espacio y este parque no es lo suficientemente grande para tantos tigres.
Otros mamíferos silvestres se pasean con toda tranquilidad por el parque, evidentemente siempre teniendo en cuenta a sus depredadores, se trata de los grupos o rebaños de las las cuatro especies de venado (ciervos y antílopes): el más numeroso es el elegante chital o axis axis, también el majestuoso ciervo sambar o cervus unicolor, el axis menor y el muntjac.
Descubrir algunos paises de Asia era algo que teníamos pendiente. El destino ha querido que podamos cumplir este objetivo. ¡Año nuevo, vida nueva!
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viernes, 27 de mayo de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
Mae Wang National Park
Hoy hemos pasado el día en un parque nacional, donde supuestamente íbamos a hacer un trekking por la selva, un paseo a lomos de un elefante, visitar un par de tribus étnicas de la zona, bajar un río en barcas de bambú y bañarnos en una cascada.
¡Turistada del copón bendito!
Juro que no lo volveremos a hacer. Joder….a veces parecemos nuevos.
Nos recogen para posteriormente pasar a recoger a otros turistas hasta hacer un grupo de 12 personas: dos ‘fifis’ alemanas que no podían con los bichos, dos parejitas de ingleses jovencitos a cual más tonto, tres asiáticos mudos y un suizo. Éste último, el único con el que pudimos charlar con simpatía.
Nos conducen hasta una especie de campamento donde aguardaban muchos elefantes, nos ubican de dos en dos a lomos de los paquidermos y comenzamos un paseíto por la jungla en el que los elefantes, más mansos y amaestrados que perrillos, hacían todo tipo de ‘monerías’. La organización tenía estudiadas tres paradas en el recorrido donde te vendían comida para los elefantes, cañas de azúcar y bananas a 20 Bhats la bolsita… mientras caminabas el bicho te ponía la trompa en los morros, le dabas la banana o te resoplaba en el careto. Divertido, sin más…
Nos acercaron al ‘pueblo’ aledaño, habitado por la étnica Karen, donde supuestamente íbamos a ver como vive la gente de esa ‘remota zona’… pues ni remota, ni gente, ni tribu. Cuatro señoras cosiendo e hilando bufandas y pañuelos para después ponerlos a la venta a modo de souvenir para el turistas, cuatro niños intentando vender pulseritas a 5 Baths, y un tenderete con coca colas y cervezas frías a disposición del consumidor. O sea, algo súper remoto, étnico y exclusivo…
A continuación comenzamos un ‘trekking’, que se resume en una caminata de 20 minutos por una pista forestal por la que también transitaban coches y que terminaba en una cascada, ni bonita ni fea. Tiempo para bañarnos, pero a los 5 minutos aquello se puso de turistas hasta la bandera, decidimos no bañarnos y fotografiar algunas de las cientos de mariposillas que pululaban por allí.
Después, nueva caminata por el borde del río y por los arrozales colindantes, hasta el lugar en el que la organización tenía previsto ofrecernos el almuerzo. Comida rápida a base de arroz, verduras y tortilla.
De nuevo al minibús, hasta donde íbamos a hacer un ‘divertido rafting’ descendiendo el río en canoas de caña de bambú. El bambú lo aguanta todo, es muy resistente. Las canoas eran simples troncos de bambú atados entre sí por cubiertas de bicicleta.
El río lo descendimos, pero a paso de tortuga y aburridos como borregos, los rápidos eran de chiste, el río cubría dos palmos y sólo nos mojábamos porque los palistas se lo proponían.
La hora de camino dentro del bus la pasamos charlando con el chico suizo, muy agradable y simpático, practicamos un poquito nuestro inglés, fue ameno y divertido mientras los demás ocupantes sobando.
En fin, llegamos algo decepcionados, pero fue culpa nuestra por no haberlo imaginado. Al menos la excursión no fue demasiado cara y le supimos ver la parte positiva.
¡Turistada del copón bendito!
Juro que no lo volveremos a hacer. Joder….a veces parecemos nuevos.
Nos recogen para posteriormente pasar a recoger a otros turistas hasta hacer un grupo de 12 personas: dos ‘fifis’ alemanas que no podían con los bichos, dos parejitas de ingleses jovencitos a cual más tonto, tres asiáticos mudos y un suizo. Éste último, el único con el que pudimos charlar con simpatía.
Nos conducen hasta una especie de campamento donde aguardaban muchos elefantes, nos ubican de dos en dos a lomos de los paquidermos y comenzamos un paseíto por la jungla en el que los elefantes, más mansos y amaestrados que perrillos, hacían todo tipo de ‘monerías’. La organización tenía estudiadas tres paradas en el recorrido donde te vendían comida para los elefantes, cañas de azúcar y bananas a 20 Bhats la bolsita… mientras caminabas el bicho te ponía la trompa en los morros, le dabas la banana o te resoplaba en el careto. Divertido, sin más…
Nos acercaron al ‘pueblo’ aledaño, habitado por la étnica Karen, donde supuestamente íbamos a ver como vive la gente de esa ‘remota zona’… pues ni remota, ni gente, ni tribu. Cuatro señoras cosiendo e hilando bufandas y pañuelos para después ponerlos a la venta a modo de souvenir para el turistas, cuatro niños intentando vender pulseritas a 5 Baths, y un tenderete con coca colas y cervezas frías a disposición del consumidor. O sea, algo súper remoto, étnico y exclusivo…
A continuación comenzamos un ‘trekking’, que se resume en una caminata de 20 minutos por una pista forestal por la que también transitaban coches y que terminaba en una cascada, ni bonita ni fea. Tiempo para bañarnos, pero a los 5 minutos aquello se puso de turistas hasta la bandera, decidimos no bañarnos y fotografiar algunas de las cientos de mariposillas que pululaban por allí.
Después, nueva caminata por el borde del río y por los arrozales colindantes, hasta el lugar en el que la organización tenía previsto ofrecernos el almuerzo. Comida rápida a base de arroz, verduras y tortilla.
De nuevo al minibús, hasta donde íbamos a hacer un ‘divertido rafting’ descendiendo el río en canoas de caña de bambú. El bambú lo aguanta todo, es muy resistente. Las canoas eran simples troncos de bambú atados entre sí por cubiertas de bicicleta.
El río lo descendimos, pero a paso de tortuga y aburridos como borregos, los rápidos eran de chiste, el río cubría dos palmos y sólo nos mojábamos porque los palistas se lo proponían.
La hora de camino dentro del bus la pasamos charlando con el chico suizo, muy agradable y simpático, practicamos un poquito nuestro inglés, fue ameno y divertido mientras los demás ocupantes sobando.
En fin, llegamos algo decepcionados, pero fue culpa nuestra por no haberlo imaginado. Al menos la excursión no fue demasiado cara y le supimos ver la parte positiva.
domingo, 23 de enero de 2011
Ranthanbhore
Al llegar a la estación de madrugada, nos pusimos rumbo al hotel, estaba cerca, a unos 4 km. El tuc-tuc nos deja en la puerta y el hotel está cerrado, tras 5 minutos de mover la puerta y dar golpes, sale a abrirnos el guardián. No se enteraba de nada, no sabía leer y no hablaba ni una palabra de inglés. Conseguimos que nos abra, lo difícil fue conseguir que se fuese de la habitación.
Este sitio es una carretera con hoteles, tiendas repletas de pinturas de tigres y algún que otro restaurante, todos los turistas estamos en la misma zona a un par de kilómetros de la entrada del parque nacional.
A las 2 de la tarde nos recogen para hacer la visita al parque en un vehículo con capacidad para unas 15 personas.
Entramos en el parque y todo es un pedregal, la vegetación está polvorienta, es algo desolador. Vemos mucha comida para el tigre: gacelas, antílopes y venados, también monos, pavos reales y algunas aves, pero del tigre ni rastro.
Sotobosque muy escarpado, de pronto comienza a abrir el paisaje y llegamos a unas lagunas, algunas garzas y cormoranes, vemos un cocodrilo indio de unos 4 ó 5 metros tumbado al sol, el tigre no aparece. Vemos un martín pescador color teja y azul que parece un peluche con un gran pico rojo, precioso y en lo alto de un árbol nos vigilaba un gran águila, pero el tigre ni de coña. Finalmente tras 3 horas de búsqueda regresamos al hotel, mañana lo intentaremos de nuevo.
Segundo intento
Decidimos comprar las estradas directamente en el estamento oficial, el hotel dobla el precio.
Una vez en taquillas, brotan guías por todas partes, aparecen con montones de fotocopias de pasaportes de turistas. Tienen una forma de trabajar increíble, no existen las colas, les gusta hacer montones, de hecho la taquilla tiene un agujero del tamaño de un coco y son capaces de meter tres o cuatro brazos, alguno habrá metido hasta la cabeza. Nosotros que ya vamos sabiendo de esto, vamos empujando y posicionándonos. Finalmente, junto con otra pareja de irlandeses, conseguimos que nos cojan los pasaportes. Ya tenemos tickets para el segundo safari.
Esta vez iremos en un 4x4 para sólo 6 personas y hoy, nos ha tocado el sector 2. El paisaje comienza igual de desolador que ayer, pero a los pocos minutos mejora, seguimos el cauce de un río y pronto vemos unos árboles tremendos con unas raíces espectaculares. En nuestro coche vamos finalmente con 4 hindúes jovencitos medio gilipollas.
Vemos venados, aves acuáticas, cocodrilos, mangostas, jabalíes, de nuevo al martín pescador e incluso un pájaro carpintero, pero del tigre…. lo mismo del día anterior, ná de ná. De pronto el conductor se detiene, tenemos una huella de tigre en el camino.
Seguimos su dirección. Cuando ya van casi dos horas de búsqueda, nos volvemos a detener bruscamente, nos señalan entre los arbustos…Tigre!
Estaba echado entre la maleza a unos 10 ó 12 metros de nosotros, camuflado entre los arbustos de tal forma que ira imposible verlo completamente y mucho menos fotografiarlo. Tan sólo pudimos verle las rayas de colores y yo incluso le pude ver mover una oreja. Estuvimos más de 15 minutos esperando, moviendo el coche y haciendo ruido para ver si el bicho se movía, pero nada, caso omiso. Frustrados continuamos camino, cae la noche… nos vamos sin poder ver al puñetero tigre.
Justo cuando estábamos saliendo del parque y ya había muy poca luz, de nuevo nos detenemos bruscamente… ¡Leopard! Sí, justo en la escarpada pared que tenemos enfrente. A unos 300 metros podemos ver paseándose un leopardo precioso, aunque muy lejos y con muy poca luz, pero unos metros más adelante había un segundo ejemplar camuflado entre las piedras. Lástima que había muy poca luz y que estaban muy lejos, estas son las únicas fotos que hemos podido hacerle:
Dos safaris cero tigres. Sin embargo unos chicos muy majetes de Mallorca que conocimos lo vieron y fotografiaron dos veces. Nosotros el único tigre que vimos es el que salía en las galletas que me compré el otro día:
Cenamos algo y nos vamos a la estación, esta noche toca viajar en tren-piojera hasta Agra, el Taj Mahal nos espera…
Este sitio es una carretera con hoteles, tiendas repletas de pinturas de tigres y algún que otro restaurante, todos los turistas estamos en la misma zona a un par de kilómetros de la entrada del parque nacional.
A las 2 de la tarde nos recogen para hacer la visita al parque en un vehículo con capacidad para unas 15 personas.
Entramos en el parque y todo es un pedregal, la vegetación está polvorienta, es algo desolador. Vemos mucha comida para el tigre: gacelas, antílopes y venados, también monos, pavos reales y algunas aves, pero del tigre ni rastro.
Sotobosque muy escarpado, de pronto comienza a abrir el paisaje y llegamos a unas lagunas, algunas garzas y cormoranes, vemos un cocodrilo indio de unos 4 ó 5 metros tumbado al sol, el tigre no aparece. Vemos un martín pescador color teja y azul que parece un peluche con un gran pico rojo, precioso y en lo alto de un árbol nos vigilaba un gran águila, pero el tigre ni de coña. Finalmente tras 3 horas de búsqueda regresamos al hotel, mañana lo intentaremos de nuevo.
Segundo intento
Decidimos comprar las estradas directamente en el estamento oficial, el hotel dobla el precio.
Una vez en taquillas, brotan guías por todas partes, aparecen con montones de fotocopias de pasaportes de turistas. Tienen una forma de trabajar increíble, no existen las colas, les gusta hacer montones, de hecho la taquilla tiene un agujero del tamaño de un coco y son capaces de meter tres o cuatro brazos, alguno habrá metido hasta la cabeza. Nosotros que ya vamos sabiendo de esto, vamos empujando y posicionándonos. Finalmente, junto con otra pareja de irlandeses, conseguimos que nos cojan los pasaportes. Ya tenemos tickets para el segundo safari.
Esta vez iremos en un 4x4 para sólo 6 personas y hoy, nos ha tocado el sector 2. El paisaje comienza igual de desolador que ayer, pero a los pocos minutos mejora, seguimos el cauce de un río y pronto vemos unos árboles tremendos con unas raíces espectaculares. En nuestro coche vamos finalmente con 4 hindúes jovencitos medio gilipollas.
Vemos venados, aves acuáticas, cocodrilos, mangostas, jabalíes, de nuevo al martín pescador e incluso un pájaro carpintero, pero del tigre…. lo mismo del día anterior, ná de ná. De pronto el conductor se detiene, tenemos una huella de tigre en el camino.
Seguimos su dirección. Cuando ya van casi dos horas de búsqueda, nos volvemos a detener bruscamente, nos señalan entre los arbustos…Tigre!
Estaba echado entre la maleza a unos 10 ó 12 metros de nosotros, camuflado entre los arbustos de tal forma que ira imposible verlo completamente y mucho menos fotografiarlo. Tan sólo pudimos verle las rayas de colores y yo incluso le pude ver mover una oreja. Estuvimos más de 15 minutos esperando, moviendo el coche y haciendo ruido para ver si el bicho se movía, pero nada, caso omiso. Frustrados continuamos camino, cae la noche… nos vamos sin poder ver al puñetero tigre.
Justo cuando estábamos saliendo del parque y ya había muy poca luz, de nuevo nos detenemos bruscamente… ¡Leopard! Sí, justo en la escarpada pared que tenemos enfrente. A unos 300 metros podemos ver paseándose un leopardo precioso, aunque muy lejos y con muy poca luz, pero unos metros más adelante había un segundo ejemplar camuflado entre las piedras. Lástima que había muy poca luz y que estaban muy lejos, estas son las únicas fotos que hemos podido hacerle:
Dos safaris cero tigres. Sin embargo unos chicos muy majetes de Mallorca que conocimos lo vieron y fotografiaron dos veces. Nosotros el único tigre que vimos es el que salía en las galletas que me compré el otro día:
Cenamos algo y nos vamos a la estación, esta noche toca viajar en tren-piojera hasta Agra, el Taj Mahal nos espera…
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