Hoy hemos dedicado el día a los Vietcong y hemos visitado los túneles de Cu Chí, que están situados a unos 70 kilómetros de la ciudad de Saigon.
Vietcong deriva de la contracción de la frase vietnamita Việt Nam Cộng Sản, o "comunista vietnamita" y para los americanos eran Victor Charlie, VC.
La construcción de los túneles de Cu Chí, al contrario de lo que pensamos, se inició muchos años antes de la guerra del Vietnam. La excavación comenzó en la época colonial, durante la guerra con Francia. Sin embargo, con la llegada de las tropas norteamericanas, los túneles que casi estaban olvidados, sirvieron para defender el territorio contra los enemigos.
Al llegar ya nos dimos cuenta que era una turistada, lo tienen montado en forma de circuito y no puedes visitarlo por libre, estaba a tope de turistas.
Inicialmente pasamos a una sala donde proyectaron una película para documentarnos mejor, eso sí, bajo el prisma de los vietnamitas y después el recorrido lo haces con un guía, en nuestro caso muy cachondo, pero el inglés que hablaba se lo entendía su madre.
En abril de 1975 llegaron a existir tres niveles de pasadizos subterráneos excavados en zigzag, situados a 6, 8 y 10 metros de profundidad, y con una longitud de 220 kilómetros en total. Por lo visto llegaban hasta la frontera con Camboya.
Una pequeña parte de estos túneles se pueden visitar. Accedimos a ellos y pudimos recorrer 100m. Son muy incómodos, ya que tienes que ir agachado en todo momento. El olor a humedad y la oscuridad hacen que al salir respires a todo pulmón, a pesar de estar empapado en sudor.
Los vietnamitas cavaron los túneles con simples palas de mano, a veces, sólo uno o dos metros por día y la tierra la llevaban en cestas, para evitar ser descubiertos, la arrojaban en lugares muy distantes.
Estos túneles sirvieron de refugio a más de 10,000 personas, entre habitantes y guerrilleros durante el transcurso de la guerra, y se convirtieron en pequeñas ciudades subterráneas. Contaban con fábricas de ropa, cuartos de almacenaje, mercados, escuelas, hospitales, dormitorios, cocinas, salones, pozos, sistemas de ventilación, comedores y trincheras conectadas entre sí. Las cocinas estaban situadas cerca de la superficie, pero con largas chimeneas para que el humo pudiera liberarse a gran distancia y evitar ser descubiertos. Existían numerosas salidas por si los soldados norteamericanos encontraban una entrada.
Las entradas son rectángulos de 40x30cm. aproximadamente, se camuflaban con vegetación y cabe una persona a duras penas. Hicimos la prueba y la verdad es que es agobiante.
Estas trampillas pasaban tan desapercibidas que los norteamericanos montaron una base sobre ellas, sin darse cuenta de que sus enemigos vivían debajo. Los vietnamitas salían por la noche y les robaban la intendencia. Tenían el súper en casa.
Luego pudimos ver la diversidad de trampas que fabricaban, todas desgarradoras. Si el enemigo pisaba una de ellas, ya se podía dar por jodido. Todas estaban basadas en pinchos y cepos de todos los tipos y de todos los tamaños.
Otra de las ’atracciones’ de este complejo es un campo de tiro donde por unos pocos dólares puedes disparar una AK47. El sonido es ensordecedor.
Principalmente la estrategia del Vietcong era repeler y desmoralizar al enemigo, pues los soldados estadounidenses no podían hacer frente a un enemigo que no veían.
En uno de estos túneles habitaban 6 u 8 hombres, y sólo salían de su escondite para abrir fuego contra el enemigo, disparaban desde cualquier flanco, aparecían y desaparecían y daba la impresión que eran un gran ejército. Cu Chi se convirtió en un infierno para los norteamericanos.
A finales del 68 los norteamericanos descubrieron, de forma accidental, una entrada, intentaron de muchas formas acabar con ellos, pero las trampas y el tesón de los vietnamitas lo impidieron.
Hoy en día los Túneles de Cu Chí son la atracción turística más cercana a Saigón.
Descubrir algunos paises de Asia era algo que teníamos pendiente. El destino ha querido que podamos cumplir este objetivo. ¡Año nuevo, vida nueva!
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miércoles, 6 de abril de 2011
domingo, 13 de marzo de 2011
Phonsavanh
El viaje desde Lhuang Phrabang lo hemos hecho en autobús local, unos 160 Km para los que hemos necesitado unas 7 horas. El colega que nos vendió los tickets en la estación decía que el bus era confortable y climatizado. ¡Climatizado por los cojones! Ya sabemos como climatizan por estas tierras… bajando las ventanillas o abriendo la puerta, aún así hemos tenido suerte, pues hemos viajado en un día nublado y ‘fresquito’, ha sido alucinante, una sucesión de paisajes salvajes y vírgenes hasta la provincia de Xieng Khuag y nuestro destino final, la ciudad de Phonsavanh.
La ciudad no tiene atractivo alguno y no disponen de electricidad durante toda la jornada, hay cortes de suministro, pero lo llevan muy bien, simplemente hay que cambiar los horarios y costumbres. Los dos días que hemos permanecido aquí, hemos podido aprender muchas cosas que desconocíamos. Aquí tenemos la impresionante ‘Llanura de las Jarras’, una acumulación de extraños cántaros esculpidos en la roca con más de 3000 años de antigüedad. La zona, además posee un tremendo interés histórico-bélico, pues aún conserva vestigios de los bombardeos de la guerra.
Laos fue devastado por los norteamericanos durante la guerra de Vietnam. Esta zona del país se encuentra entre las más bombardeadas de la historia del planeta, se estima que una cuarta parte de todas las bombas arrojadas por los estadounidenses sobre Laos en los años setenta cayeron aquí. En total, medio millón de toneladas, a razón de 300 kilos por habitante.
La Llanura de las Jarras
Un gran misterio rodea esta enorme llanura, no sabemos si Iker Jiménez habrá hecho algún programa al respecto, pero esta zona es algo alucinante.
Para poder visitarla hemos alquilado una moto, ya que las jarras se encuentran a unos cuantos kilómetros de la ciudad. Existen unos 300 cántaros o jarrones megalíticos de entre 1 y 2,5 metros de alto y de hasta 600 toneladas de peso. Se cree que sirvieron como urnas funerarias, esa es una de las teorías. Sin embargo, la piedra con la que están hechos, según nos cuentan, no proviene de los alrededores y además estos objetos carecen de relación alguna con otras culturas antiguas de Indochina.
Hemos visitado dos de los varios enclaves que existen en este área, la cual está muy afectada por los bombardeos. Podemos ver grupos de jarras y junto a ellos tremendos cráteres producidos por las bombas dispersos por la explanada. Parecía un colador.
Pasear por estas zonas nos pone los pelos de punta, pensar que Laos era un país neutral y lo que les ha caído del cielo, nunca mejor dicho.
Varias cuevas en las que se refugiaban los lugareños en la guerra han permanecido intactas y hemos podido verlas, pero otras sirvieron de cementerio ya que aún pensando que estaban a salvo les cayó una bomba encima.
En las partes más altas de la colina hemos podido flipar con las trincheras, todavía están intactas, con vegetación pero, se puede ver perfectamente su orientación y utilidad. Muy cerca de aquí hemos podido ver incluso los restos de un viejo tanque ruso que en aquella época jugó su papel, hoy en día utilizan parte de él como jardinera.
Esta explanada de los Jarros, a fecha de hoy es considerada Patrimonio de la Humanidad a pesar de ser una de las zonas más peligrosas del mundo, ya que los bombardeos selectivos acaecidos en esta zona fueron mayoritariamente con las temibles bombas de racimo, hoy en día prohibidas por la ONU. De una gran bomba surgían cientos de pequeñas bombas diseñadas para producir el mayor daño posible, quedando diseminadas y enterradas, siendo una trampa mortal para cualquiera que las pisase o manipulase. Hoy en día se estima que sólo un 1% del total de ellas están localizadas y desactivadas, el resto todavía están diseminadas por el área. Aún hoy, cuarenta años después, cada semana muere alguien por este motivo, mayormente gente que se dedica a la agricultura, gente pobre.
Este mapa indica la situación actual de riesgo.
Para poder visitar la llanura de las Jarras de forma segura, hay que seguir un caminito marcado con adoquines pintados de blanco y rojo. Fuera de este sendero está por escudriñar, por tanto no es seguro aventurarse.
Nos ha sorprendido el trabajo de mentalización y ayuda que llevan a cabo, incluso hay estadounidenses con sentimiento de culpa que se dedican a ello. Curiosamente las ‘bombies’ como ellos le llaman, son muy llamativas y de color amarillo e incluso se confunden con una fruta de aquí. Evidentemente los niños son carne de cañón. En pocas horas hemos podido ver a varios mutilados. El trabajo de educación a los niños es muy importante.
Después de todo esto nos ha parecido simpática la forma en que los lugareños utilizan todo este arsenal heredado. Parece que a pesar de todo tienen buen sentido del humor. Por lo visto, no hay laosiano que se precie que no tenga una bomba en su jardín. Las utilizan para cualquier cosa que podamos imaginar: como comederos de animales, barbacoas, columnas, adornos, maceteros, forma parte de su historia y así lo llevan.
El día de hoy ha sido muy enriquecedor, nos sentimos afortunados por haber podido disfrutar de todo esto y además, hemos vuelto a estar solos, sin turistas.
Al caer la tarde, nos ha llovido de forma contundente por primera vez.
A la mañana siguiente el día seguía lluvioso y hemos preferido no viajar, nos hemos dedicado a pasear por el pueblo y buscar nuevos rincones.
Para adaptarnos a la nueva temperatura hemos comido al estilo laosiano.
La ciudad no tiene atractivo alguno y no disponen de electricidad durante toda la jornada, hay cortes de suministro, pero lo llevan muy bien, simplemente hay que cambiar los horarios y costumbres. Los dos días que hemos permanecido aquí, hemos podido aprender muchas cosas que desconocíamos. Aquí tenemos la impresionante ‘Llanura de las Jarras’, una acumulación de extraños cántaros esculpidos en la roca con más de 3000 años de antigüedad. La zona, además posee un tremendo interés histórico-bélico, pues aún conserva vestigios de los bombardeos de la guerra.
Laos fue devastado por los norteamericanos durante la guerra de Vietnam. Esta zona del país se encuentra entre las más bombardeadas de la historia del planeta, se estima que una cuarta parte de todas las bombas arrojadas por los estadounidenses sobre Laos en los años setenta cayeron aquí. En total, medio millón de toneladas, a razón de 300 kilos por habitante.
La Llanura de las Jarras
Un gran misterio rodea esta enorme llanura, no sabemos si Iker Jiménez habrá hecho algún programa al respecto, pero esta zona es algo alucinante.
Para poder visitarla hemos alquilado una moto, ya que las jarras se encuentran a unos cuantos kilómetros de la ciudad. Existen unos 300 cántaros o jarrones megalíticos de entre 1 y 2,5 metros de alto y de hasta 600 toneladas de peso. Se cree que sirvieron como urnas funerarias, esa es una de las teorías. Sin embargo, la piedra con la que están hechos, según nos cuentan, no proviene de los alrededores y además estos objetos carecen de relación alguna con otras culturas antiguas de Indochina.
Hemos visitado dos de los varios enclaves que existen en este área, la cual está muy afectada por los bombardeos. Podemos ver grupos de jarras y junto a ellos tremendos cráteres producidos por las bombas dispersos por la explanada. Parecía un colador.
Pasear por estas zonas nos pone los pelos de punta, pensar que Laos era un país neutral y lo que les ha caído del cielo, nunca mejor dicho.
Varias cuevas en las que se refugiaban los lugareños en la guerra han permanecido intactas y hemos podido verlas, pero otras sirvieron de cementerio ya que aún pensando que estaban a salvo les cayó una bomba encima.
En las partes más altas de la colina hemos podido flipar con las trincheras, todavía están intactas, con vegetación pero, se puede ver perfectamente su orientación y utilidad. Muy cerca de aquí hemos podido ver incluso los restos de un viejo tanque ruso que en aquella época jugó su papel, hoy en día utilizan parte de él como jardinera.
Esta explanada de los Jarros, a fecha de hoy es considerada Patrimonio de la Humanidad a pesar de ser una de las zonas más peligrosas del mundo, ya que los bombardeos selectivos acaecidos en esta zona fueron mayoritariamente con las temibles bombas de racimo, hoy en día prohibidas por la ONU. De una gran bomba surgían cientos de pequeñas bombas diseñadas para producir el mayor daño posible, quedando diseminadas y enterradas, siendo una trampa mortal para cualquiera que las pisase o manipulase. Hoy en día se estima que sólo un 1% del total de ellas están localizadas y desactivadas, el resto todavía están diseminadas por el área. Aún hoy, cuarenta años después, cada semana muere alguien por este motivo, mayormente gente que se dedica a la agricultura, gente pobre.
Este mapa indica la situación actual de riesgo.
Para poder visitar la llanura de las Jarras de forma segura, hay que seguir un caminito marcado con adoquines pintados de blanco y rojo. Fuera de este sendero está por escudriñar, por tanto no es seguro aventurarse.
Nos ha sorprendido el trabajo de mentalización y ayuda que llevan a cabo, incluso hay estadounidenses con sentimiento de culpa que se dedican a ello. Curiosamente las ‘bombies’ como ellos le llaman, son muy llamativas y de color amarillo e incluso se confunden con una fruta de aquí. Evidentemente los niños son carne de cañón. En pocas horas hemos podido ver a varios mutilados. El trabajo de educación a los niños es muy importante.
Después de todo esto nos ha parecido simpática la forma en que los lugareños utilizan todo este arsenal heredado. Parece que a pesar de todo tienen buen sentido del humor. Por lo visto, no hay laosiano que se precie que no tenga una bomba en su jardín. Las utilizan para cualquier cosa que podamos imaginar: como comederos de animales, barbacoas, columnas, adornos, maceteros, forma parte de su historia y así lo llevan.
El día de hoy ha sido muy enriquecedor, nos sentimos afortunados por haber podido disfrutar de todo esto y además, hemos vuelto a estar solos, sin turistas.
Al caer la tarde, nos ha llovido de forma contundente por primera vez.
A la mañana siguiente el día seguía lluvioso y hemos preferido no viajar, nos hemos dedicado a pasear por el pueblo y buscar nuevos rincones.
Para adaptarnos a la nueva temperatura hemos comido al estilo laosiano.
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