Nos hemos alojado una sola noche en un hotel de Aurangabad, sólo para hacer de base entre las visitas de las cuevas. Esta es una ciudad muy grande y ruidosa, donde curiosamente no se ven vacas por la calle. Encontrar hotel en esta ciudad, no preparada en absoluto para el turismo, no es fácil. Como sólo necesitamos dormir una noche, nos hemos metido en un hotel bien comunicado con las estaciones de bus y de tren, pero caro en relación al servicio que dan.
Es un hotel para hindúes donde somos los únicos occidentales, hablan inglés peor que yo y lo tienen todo patas arriba y muy sucio. La habitación, por suerte, es lo menos cochambroso del jodido hotel. El desayuno que estaba incluido... deplorable, el peor desde que comenzó el viaje.
Nos vamos a la estación de autobuses para irnos a las cuevas de Ellora. Cuando llega el autobús, sin que la gente haya bajado, intentan subirse. Entran por las ventanas desde fuera. Es algo increíble. Los de dentro gritando para salir y los de fuera empujando. Por suerte había otro y son sólo 45 Km., a pesar de ir de pie y con el bus atestado de gente, no se hace muy duro el camino.
En el complejo existen tres tipos de cuevas: las jainíes, las hindúes y las budistas, las tres grandes religiones que coexisten en este país sin problemas.
Visitamos las jainíes por ir al contrario que el resto y nos encontramos con una que nos gusta mucho. Con un patio central y grandes esculturas. Estábamos dentro de la misma roca esculpida y para remate un vigilante abre una puerta que tenía bloqueada y nos muestra una serie de pinturas de colores increíbles.
Seguimos caminado y llegamos al sector hindú. La cueva nº 29 es la más espectacular, muy amplia y espaciosa. Una gran escultura de Shiva con sus ocho brazos anuncia la sala. En otro extremo la figura de Yamuna. En la parte central un santuario lleno de murciélagos a su alrededor.
El Templo de Kalisa es la cueva central y con más visitas.
Llegamos al sector budista y sólo se salvan tres cuevas. La cueva nº 1 que contiene un Buda mirando al sol y tiene una resonancia especial. La cueva nº 5 que es una gran Vihara de 18x36m y en su parte central hay dos hileras de rocas en el suelo como si de asientos se tratase.
Para finalizar entramos en la cueva nº 10. Una Chaitya y le llaman la del carpintero, por las nervaduras que están talladas en el techo. Una pequeña ventana en la fachada principal deja pasar la luz que ilumina a su Buda.
La vuelta a Aurangabad ha sido una odisea. No pasaban buses y hemos tenido que tomar un 4x4 de los que hacen la ruta entre las cuevas y la ciudad. Hemos llegado a ir dentro hasta 21 personas, e incluso, una de ellas iba sentada debajo del conductor, sí, sí, habéis leído bien, el conductor iba parcialmente sentado sobre otro hombre.
Nosotros íbamos en la parte trasera, en un espacio donde sólo debería haber cuatro personas, pero no… iban parando por el camino y metiendo chusma. Casi todo el trayecto hemos ido atrás junto con 3 mujeres a cual más cerda, un niño y dos hombres más… y por que nos hartamos y montamos el pollo no entro nadie más. Cuando Myriam les chilla: “Como suba uno más, nos bajamos” se acojonan, es alucinante.
40 minutos metidos en aquel coche de mierda nos dejaron el cuerpo destrozado, ellos en cambio incluso se dormían por momentos, a parte de hacer cerdadas de todo tipo, tirando comida por las ventanas del coche y otras costumbres de su cultura.
Gracias a dios tenemos billete a Bangkok para el próximo día 11, por mi parte estoy terminando esta parte del viaje muy harto de los hindúes, sus cerdadas continuas, sus cotilleos y falta de educación en todas y cada una de las actividades del día a día. Hoy hemos visto a gente tirar restos de comida dentro de las cuevas y a otros, subirse a las estatuas para hacerse fotos. Las cuevas son Patrimonio de la humanidad, no sólo de una generación de simios.
Por supuesto los extranjeros para ver las cuevas pagamos 250 rupias por persona, los nativos sólo 10 rupias. Así es imposible que le den valor a nada.
Esta noche tomamos un tren a Bombay y desde allí, otro con destino a Goa, en el sur del país. Goa fue en el pasado una prospera colonia portuguesa, ya veremos si queda algo de todo aquello en la actualidad, lo que si tendremos es playa y por fin algo de descanso.
Descubrir algunos paises de Asia era algo que teníamos pendiente. El destino ha querido que podamos cumplir este objetivo. ¡Año nuevo, vida nueva!
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sábado, 5 de febrero de 2011
Ellora
viernes, 4 de febrero de 2011
Ajanta
Para llegar hasta aquí, hemos tenido que tomar un tren desde Varanasi hasta Jalgaon. Éste ha sido el viaje más largo hasta ahora efectuado en tren, casi 22 horas.
Por suerte, esta vez hemos tenido como compañeros de literas a cuatro hindúes bastante más normales que en anteriores ocasiones, haciendo fácil la convivencia, son muchas horas en un espacio tan pequeño. Veintidós horas en un tren dan para mucho: dormir, jugar a las cartas, comer algo de fruta o repasar un mapa de India con los compañeros de viaje.
Durante unas 6 horas llevamos de nuevo en el vagón una legión de polizones, mujeres, niños y ancianos en su mayoría. Ellos entran y se sientan donde pueden, o donde les dejan. En este caso iban sentados en el pasillo del vagón, haciendo muy complicado desplazarse por él en caso de necesitar ir al servicio.
La noche no ha sido mala, pero ya se nota el aumento de la temperatura. Los sacos de dormir han vuelto a ser la atracción del vagón, no sólo atraen las miradas de los que están en nuestro compartimento, sino también las de los anexos, todos quieren ver como de un bulto tan pequeño aparece un saco tan grande, a la hora de recogerlos, el mismo espectáculo.
Tras llegar a la estación nos dirigimos en tuc-tuc a la parada de autobuses y nos subimos en el primero que salía esa mañana dirección Ajanta, sólo vamos 6 personas abordo, increíble pero cierto, yo me quedo dormido casi inmediatamente. En una hora estábamos en las cuevas.
Para coger el autobús que sube a las cuevas, 4Km. hay que pasar por un mercado. Te exigen un impuesto revolucionario, sí o sí. Aprovechamos y ya desayunamos.
Al llegar a las cuevas, lo mismo de siempre; los turistas 250 rupias y los locales 10 rupias. De esta forma es imposible que puedan valorar lo que tienen. Somos unos 20 turistas y miles de hindúes, hoy parece que es el día de los colegios.
Al entrar una escalita enorme, te ofrecen subirla sentado en una silla y llevada por cuatro porteadores, como si de un marajá se tratase.
Ante nosotros una vista general de las cuevas. Treinta cuevas horadadas en la escarpada ladera de una garganta rocosa en un meandro del río Waghore en forma de herradura.
Estas cuevas todas son budistas y han sido nombradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Datan del 200 a.C. Parece increíble que hayan podido estar tan escondidas tanto tiempo.
Hay dos tipos de cuevas: las chaityas y las viharas.
Las chaityas son santuarios con una sala central y dos laterales separadas por una hilera de columnas.
Las viharas son monasterios que tienen una sala o patio central al que se abren todas las celdas y tienen un Buda en uno de los extremos.
Muchas de ellas tienen figuras esculpidas en la misma roca y pinturas que están bastante bien conservadas, aunque la poca iluminación que tienen impide disfrutarlas mejor, pues se hace muy difícil ver los detalles de las composiciones pictóricas.
Lorenzo va apretando cada vez más y es difícil encontrar una sombrita. En una de esas, Myriam vuelve a ser la estrella de Bollywood y un profesor le pide permiso para fotografiarla con cada niño de la clase. Ella accede gustosamente e incluso acaban bailando nosequé junto con un perroflauta que pasaba por allí y se arrimó a la fiesta. Los niños y niñas encantados con ella.
Por suerte, esta vez hemos tenido como compañeros de literas a cuatro hindúes bastante más normales que en anteriores ocasiones, haciendo fácil la convivencia, son muchas horas en un espacio tan pequeño. Veintidós horas en un tren dan para mucho: dormir, jugar a las cartas, comer algo de fruta o repasar un mapa de India con los compañeros de viaje.
Durante unas 6 horas llevamos de nuevo en el vagón una legión de polizones, mujeres, niños y ancianos en su mayoría. Ellos entran y se sientan donde pueden, o donde les dejan. En este caso iban sentados en el pasillo del vagón, haciendo muy complicado desplazarse por él en caso de necesitar ir al servicio.
La noche no ha sido mala, pero ya se nota el aumento de la temperatura. Los sacos de dormir han vuelto a ser la atracción del vagón, no sólo atraen las miradas de los que están en nuestro compartimento, sino también las de los anexos, todos quieren ver como de un bulto tan pequeño aparece un saco tan grande, a la hora de recogerlos, el mismo espectáculo.
Tras llegar a la estación nos dirigimos en tuc-tuc a la parada de autobuses y nos subimos en el primero que salía esa mañana dirección Ajanta, sólo vamos 6 personas abordo, increíble pero cierto, yo me quedo dormido casi inmediatamente. En una hora estábamos en las cuevas.
Para coger el autobús que sube a las cuevas, 4Km. hay que pasar por un mercado. Te exigen un impuesto revolucionario, sí o sí. Aprovechamos y ya desayunamos.
Al llegar a las cuevas, lo mismo de siempre; los turistas 250 rupias y los locales 10 rupias. De esta forma es imposible que puedan valorar lo que tienen. Somos unos 20 turistas y miles de hindúes, hoy parece que es el día de los colegios.
Al entrar una escalita enorme, te ofrecen subirla sentado en una silla y llevada por cuatro porteadores, como si de un marajá se tratase.
Ante nosotros una vista general de las cuevas. Treinta cuevas horadadas en la escarpada ladera de una garganta rocosa en un meandro del río Waghore en forma de herradura.
Estas cuevas todas son budistas y han sido nombradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Datan del 200 a.C. Parece increíble que hayan podido estar tan escondidas tanto tiempo.
Hay dos tipos de cuevas: las chaityas y las viharas.
Las chaityas son santuarios con una sala central y dos laterales separadas por una hilera de columnas.
Las viharas son monasterios que tienen una sala o patio central al que se abren todas las celdas y tienen un Buda en uno de los extremos.
Muchas de ellas tienen figuras esculpidas en la misma roca y pinturas que están bastante bien conservadas, aunque la poca iluminación que tienen impide disfrutarlas mejor, pues se hace muy difícil ver los detalles de las composiciones pictóricas.
Lorenzo va apretando cada vez más y es difícil encontrar una sombrita. En una de esas, Myriam vuelve a ser la estrella de Bollywood y un profesor le pide permiso para fotografiarla con cada niño de la clase. Ella accede gustosamente e incluso acaban bailando nosequé junto con un perroflauta que pasaba por allí y se arrimó a la fiesta. Los niños y niñas encantados con ella.
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