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martes, 18 de enero de 2011

Ajmer

Al levantarnos no teníamos ni agua caliente ni luz, hotel de última generación, pero eso sí, al salir de la habitación teníamos un mono delante para darnos los buenos días.

Decidimos subir a un autobús público para ir a visitar Ajmer, 7 rupias, contra las 275 que tuvimos que pagar a los taxistas por llegar de noche.


Al llegar a la ciudad y ver la polución y de nuevo el caos, decidimos poner rumbo al lago.

Ana Sagar

El gran lago de la ciudad, anexo a dos zonas verdes: Dault Bagh y Subash Bagh. Son dos parques que albergan pabellones de mármol con vistas al lago. En estos parques la gente pasea, se reúnen para charlar o simplemente duermen. Una vez más somos los únicos occidentales y nuevamente la atracción. Sólo faltaba que nos tiraran cacahuetes. De hecho es la segunda vez que una hindú quiere fotografiarse con Myriam, a lo cual ella accede gustosamente cual estrella de Bollywood.




Pushkar

De nuevo nos perdemos buscando la estación de autobús para volver a Pushkar. La guardia urbana nos indica justamente la dirección opuesta, menos mal que con buen criterio decidimos hacer lo contrario.

Por la noche, ya en Pushkar, decidimos pasar una rato divertido con Inés, una simpática chica alemana a la que conocimos en Udaipur, y cenar en el restaurante callejero de nuestro amigo Shiva, todo un personaje, se dirigen a los turistas hasta en coreano o hebreo si es necesario.


lunes, 17 de enero de 2011

Pushkar

Tras 5 horas de viaje en tren, en el que tuvimos como compañero de viaje un ratoncito, llegamos a la estación de Ajmer, que es la más cercana a Pushkar.


De nuevo los únicos turistas, con lo cual, al salir teníamos un rebaño de taxistas peleándose por nosotros. Yo he llegado algo resfriado por los cambios de temperatura, por lo que fue Myriam quien se encargó de la ‘negociación’.

Pushkar está a unos 11 km de Ajmer y hay que superar el Nag Pahar (montaña de la serpiente), que es un puerto de montaña. La distancia, unida al frío que nuevamente hacía, convertía el viaje en tuc-tuc en un suplicio, sobre todo para mí que se me caía la guinda…

El primer precio que nos proponen es 550 rupias, a lo que Myriam les dice a todos los presentes: ¡estáis todos crazys, last price 200 rupies! Al final y tras una ardua negociación, nos vamos a Pushkar por 275 rupias.

Llegamos helados al hotel, la mayor pocilga en la que de momento hemos dormido, pero era demasiado tarde y hacía demasiado frío como para tener manías.


Pushkar es una localidad muy pequeña situada alrededor de un gran estanque sagrado para los hindúes. Según dice la leyenda, Brahma dejó caer una flor de loto en la tierra y surgió esta ciudad. Es un centro de peregrinación, de hecho las cenizas de Gandhi están esparcidas en este estanque.

En esta ciudad conviene cumplir el papel: nada de alcohol, carne, huevos o besos, para no ofender al personal.

Hoy hemos comido un falafel y creemos que estaba hecho con la mano izquierda, no obstante estaba muy rico. ¡No picaba!



New Rangji Temple

Este templo tiene una fachada impresionante pero no hemos podido acceder a él ya que está prohibida la entrada a los extranjeros.



Gurudwara

Este templo nos ha parecido curioso, tiene un reconocible estilo mongol.
Es de los pocos monumentos que palomas no pueden conquistar, ya que su material es resbaladizo y no pueden apalancarse.


Templo de Brahma

Decidimos dividirnos, yo entro a curiosear y Myriam se queda a la guardia y custodia de mis botas y de la cámara, pues no dejan hacer fotos.
Lo que me encuentro al entrar es un templo sucio, lleno de cacas de paloma y de mendigos en el suelo. Tiene un altar central y un pasillo circular. Los fieles se detenían en el punto central y oraban frente al altar de Brahma. Creo que no dejan hacer fotos para que no se sepa lo feo que es.

Al salir, tuve que sortear unas cuantas boñigas hasta llegar a mis botas, que por cierto… no veas como las miran.

Ghats

Alrededor del lago has 52 ghats, aunque están construyendo alguno más.
Uno de ellos recibió el nombre de Gandhi Ghat.

Aquí se bañan o purifican los hindúes y nosotros tenemos que sortear la cantidad de sacerdotes que te venden suerte para tu vida.






Hoy vamos a hacer la colada y esperamos mañana no encontrarnos a ningún mico con nuestras camisetas puestas.