Al llegar a la estación de madrugada, nos pusimos rumbo al hotel, estaba cerca, a unos 4 km. El tuc-tuc nos deja en la puerta y el hotel está cerrado, tras 5 minutos de mover la puerta y dar golpes, sale a abrirnos el guardián. No se enteraba de nada, no sabía leer y no hablaba ni una palabra de inglés. Conseguimos que nos abra, lo difícil fue conseguir que se fuese de la habitación.
Este sitio es una carretera con hoteles, tiendas repletas de pinturas de tigres y algún que otro restaurante, todos los turistas estamos en la misma zona a un par de kilómetros de la entrada del parque nacional.
A las 2 de la tarde nos recogen para hacer la visita al parque en un vehículo con capacidad para unas 15 personas.
Entramos en el parque y todo es un pedregal, la vegetación está polvorienta, es algo desolador. Vemos mucha comida para el tigre: gacelas, antílopes y venados, también monos, pavos reales y algunas aves, pero del tigre ni rastro.
Sotobosque muy escarpado, de pronto comienza a abrir el paisaje y llegamos a unas lagunas, algunas garzas y cormoranes, vemos un cocodrilo indio de unos 4 ó 5 metros tumbado al sol, el tigre no aparece. Vemos un martín pescador color teja y azul que parece un peluche con un gran pico rojo, precioso y en lo alto de un árbol nos vigilaba un gran águila, pero el tigre ni de coña. Finalmente tras 3 horas de búsqueda regresamos al hotel, mañana lo intentaremos de nuevo.
Segundo intento
Decidimos comprar las estradas directamente en el estamento oficial, el hotel dobla el precio.
Una vez en taquillas, brotan guías por todas partes, aparecen con montones de fotocopias de pasaportes de turistas. Tienen una forma de trabajar increíble, no existen las colas, les gusta hacer montones, de hecho la taquilla tiene un agujero del tamaño de un coco y son capaces de meter tres o cuatro brazos, alguno habrá metido hasta la cabeza. Nosotros que ya vamos sabiendo de esto, vamos empujando y posicionándonos. Finalmente, junto con otra pareja de irlandeses, conseguimos que nos cojan los pasaportes. Ya tenemos tickets para el segundo safari.
Esta vez iremos en un 4x4 para sólo 6 personas y hoy, nos ha tocado el sector 2. El paisaje comienza igual de desolador que ayer, pero a los pocos minutos mejora, seguimos el cauce de un río y pronto vemos unos árboles tremendos con unas raíces espectaculares. En nuestro coche vamos finalmente con 4 hindúes jovencitos medio gilipollas.
Vemos venados, aves acuáticas, cocodrilos, mangostas, jabalíes, de nuevo al martín pescador e incluso un pájaro carpintero, pero del tigre…. lo mismo del día anterior, ná de ná. De pronto el conductor se detiene, tenemos una huella de tigre en el camino.
Seguimos su dirección. Cuando ya van casi dos horas de búsqueda, nos volvemos a detener bruscamente, nos señalan entre los arbustos…Tigre!
Estaba echado entre la maleza a unos 10 ó 12 metros de nosotros, camuflado entre los arbustos de tal forma que ira imposible verlo completamente y mucho menos fotografiarlo. Tan sólo pudimos verle las rayas de colores y yo incluso le pude ver mover una oreja. Estuvimos más de 15 minutos esperando, moviendo el coche y haciendo ruido para ver si el bicho se movía, pero nada, caso omiso. Frustrados continuamos camino, cae la noche… nos vamos sin poder ver al puñetero tigre.
Justo cuando estábamos saliendo del parque y ya había muy poca luz, de nuevo nos detenemos bruscamente… ¡Leopard! Sí, justo en la escarpada pared que tenemos enfrente. A unos 300 metros podemos ver paseándose un leopardo precioso, aunque muy lejos y con muy poca luz, pero unos metros más adelante había un segundo ejemplar camuflado entre las piedras. Lástima que había muy poca luz y que estaban muy lejos, estas son las únicas fotos que hemos podido hacerle:
Dos safaris cero tigres. Sin embargo unos chicos muy majetes de Mallorca que conocimos lo vieron y fotografiaron dos veces. Nosotros el único tigre que vimos es el que salía en las galletas que me compré el otro día:
Cenamos algo y nos vamos a la estación, esta noche toca viajar en tren-piojera hasta Agra, el Taj Mahal nos espera…
Descubrir algunos paises de Asia era algo que teníamos pendiente. El destino ha querido que podamos cumplir este objetivo. ¡Año nuevo, vida nueva!
Mostrando entradas con la etiqueta Rajasthán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rajasthán. Mostrar todas las entradas
domingo, 23 de enero de 2011
Ranthanbhore
Etiquetas:
India,
Parque Nacional,
Rajasthán,
Ranthambhore
sábado, 22 de enero de 2011
Amber
Como el tren que nos sacará del infierno de la ciudad de Jaipur no saldrá hasta cerca de la medianoche, decidimos irnos a visitar la cercana localidad de Amber, donde hay un fuerte y unas murallas, para ello utilizamos la maravillosa red local de autobuses públicos. Tras llegar a la ‘parada’, subimos a un pequeño microbús, nos ceden los asientos que van junto al conductor y volvemos a ser la atracción, a Myriam no dejan de mirarla de nuevo, como si fuese un bicho raro.
Fuerte de Amber
Se pronuncia ‘amer’ y significa ‘alto’. Es un palacio fortificado, uno más... que en su momento fue la capital del estado de Jaipur. Tiene unos jardines sorprendentemente verdes y bien cuidados.
Accedemos al fuerte por una inclinada pendiente en forma de zig-zag, por la misma que bajan los elefantes.
La primera puerta que nos encontramos está labrada en planta y da entrada al templo de Kali. En él, hasta 1980 que fue prohibido, se sacrificaba una cabra cada día.
Junto a unos jardines aparece una sala llamada de la victoria, Jai Mandir, que tiene un montón de espejos incrustados con relieves de mármol. Curiosa.
Lo que más nos ha gustado es esta habitación apartada de todo, con todas sus celosías en mármol y unas preciosas vistas.
De regreso a Jaipur, paramos en Jal Mahal, el lago de la ciudad. No tiene nada que ver con las fotos de los folletos publicitarios que hemos visto. Está muy sucio y tiene montones de peces muertos en su orilla. Maloliente. ¿Dónde está Green peace? Decepcionante.
Sólo se salva esta vista:
Fuerte de Amber
Se pronuncia ‘amer’ y significa ‘alto’. Es un palacio fortificado, uno más... que en su momento fue la capital del estado de Jaipur. Tiene unos jardines sorprendentemente verdes y bien cuidados.
Accedemos al fuerte por una inclinada pendiente en forma de zig-zag, por la misma que bajan los elefantes.
La primera puerta que nos encontramos está labrada en planta y da entrada al templo de Kali. En él, hasta 1980 que fue prohibido, se sacrificaba una cabra cada día.
Junto a unos jardines aparece una sala llamada de la victoria, Jai Mandir, que tiene un montón de espejos incrustados con relieves de mármol. Curiosa.
Lo que más nos ha gustado es esta habitación apartada de todo, con todas sus celosías en mármol y unas preciosas vistas.
De regreso a Jaipur, paramos en Jal Mahal, el lago de la ciudad. No tiene nada que ver con las fotos de los folletos publicitarios que hemos visto. Está muy sucio y tiene montones de peces muertos en su orilla. Maloliente. ¿Dónde está Green peace? Decepcionante.
Sólo se salva esta vista:
jueves, 20 de enero de 2011
Jaipur
El viaje en tren que nos ha traído a esta ciudad desde Ajmer no fue tan tranquilo como los anteriores desplazamientos. Esta vez al subir a nuestro vagón, que por cierto llegó con dos horas de retraso, hemos topado con una ‘encantadora’ familia hindú sentada en lo que eran nuestras literas. Ellos decían que en los trayectos diurnos y cortos nadie se tumba y que no se movían de allí.
Cuando llegó el revisor, Myriam habló con el revisor en una mezcla de inglés, italiano, castellano, catalán y castúo y le exigió recuperar nuestras reservas y mover a la familia hindú. Incluso le cogió el nombre para denunciarlo. Tras unos cuantos minutos de tensión, en los que toda la gente que había en el vagón se acercó a ver que pasaba con la ya conocida ‘curiosidad hindú’ nos movieron a nosotros dándonos dos plazas idénticas a las nuestras pero en otro compartimento más adelante. Está claro que aquí, los guiris somos nosotros.
Una cosa que hemos aprendido es que si hay que discutir conviene que la voz cantante la lleve una mujer, en este país no están acostumbrados a que una mujer discuta y así les coges en fuera de juego, es algo que nos ha dado buen resultado varias veces, sobre todo en las negociaciones. Aunque por suerte la sangre no llegó al río, vamos a dar parte del incidente a la oficina de turismo de India. Habíamos oído que estas cosas pasan, por lo menos ha sucedido en un trayecto corto y donde no necesitábamos dormir.
Ciudad vieja (Ciudad rosa)
Le llaman la ciudad rosa porque en 1876 el marajá de entonces decidió pintarla toda de color rosa, color de la hospitalidad, para darle la bienvenida al entonces príncipe de Gales, (futuro rey Eduardo VII) y la tradición perdura, actualmente el marajá es un gran colega de polo del Príncipe Carlos de Inglaterra.
Que decir de esta parte de la ciudad…
Coges Bagdad o Beirut después de algún bombardeo, le añades más polvo, suciedad, mierda a raudales, perros, vacas, cerdos (de cuatro y de dos patas), y 14 millones de habitantes y ya tienes Jaipur. No me explicaré más a fondo ya que este blog es público. A veces cuesta creer como algunas civilizaciones actuales pudieron tener pasados tan gloriosos.
Tras protegernos con pañuelos la nariz y la boca, nos ponemos en marcha a pasear y conocer lo que queda a salvo del glorioso pasado de la ciudad.
Hawa Mahal
Es el monumento emblemático de Jaipur. Es un extraño edificio de 5 plantas construido en el año 1799 por el entonces marajá de la ciudad, para que las damas de la casa real pudiesen contemplar la vida en la calle sin ser vistas a través de los pequeños postigos rotos. Es un ejemplo más del talento de las construcciones rajputas. Según asciendes el edificio se va estrechando, de hecho, los últimos tres pisos son de apenas dos metros de anchura la profundidad del edificio.
A continuación y después de atravesar hordas de peatones y sortear varios miles de motos y bicicletas, conseguimos llegar al museo ‘palacio de la ciudad’ sanos y salvos, al cual decidimos no entrar por el precio abusivo para extranjeros y sobre todo por que ya hemos visto algún ‘museo-palacio’ en otras ciudades de este país, y ninguno nos a seducido especialmente.
Jantar Mantar
Decidimos acercarnos a este otro museo cercano, mucho más interesante, donde teníamos especial interés en ir.
Se trata de un observatorio astronómico construido por el astrónomo rajputa Jai Sight en 1728.
Dentro, se ubica el mayor reloj solar que hasta ahora he podido ver, posee un gnomon de 27 metros de altura. Además también hay otros relojes solares más pequeños, algunos por cierto mal colocados (abiertos al norte en lugar de al sur) tras la restauración del complejo en 1901.
Me llamaron especialmente la atención algunas construcciones ideadas para medir y calcular orbitas solares y lunares y predecir así los eclipses, así como otras en las que mediante sencillas formas geométricas se estudiaban los ángulos según los que incide el sol en cada mes y se calculaban las estaciones, además así tenían mediciones exactas de latitud y longitud.
Nos llama la atención la cantidad de visitantes que hay en este observatorio, pues tampoco pensábamos que fuese de interés general.
Tras dos días que llevamos aquí ya tenemos unas ganas locas de irnos, pero no hemos encontrado tren hasta el sábado por la noche, eso quiere decir que nos quedan dos bonitos y divertidos días por delante en esta apestosa ciudad.
Nuestro segundo día de calvario en Jaipur lo dedicamos a tratar de buscar algún sitio tranquilo fuera de las murallas de la ciudad vieja, apenas lo conseguimos, llegamos a un parque donde pudimos descansar del bullicio y reposar un poco, pero también vemos infinidad de madrigueras de ratas, algunas como conejos de grandes. Junto al parque se alza un gran palacio, el Albert Hall, es un viejo palacio ahora reconvertido en museo de la ciudad.
Entre ratas, mierda y tubos de escape, vemos una gran manifestación callejera de estudiantes, los cuales a pesar de ser muchísimos, se desplazaban organizadamente y sin provocar mayores atascos.
Esta ciudad nos parece un autentico vertedero, no queremos imaginar esto en verano o en tiempo de lluvias.
Hoy nos hemos ido de visita a Amber y de regreso al infierno de Jaipur, nos marchamos lo antes posible a la estación, no sin antes tener que pelear de nuevo el precio del puto tuc-tuc.
Es difícil describir lo que nuestros ojos vieron al llegar a la estación. Lamentablemente no tuvimos lo que hay que tener para sacar la cámara y hacer fotos. Estábamos atónitos.
Miles de personas abarrotaban la estación. En las taquillas parecía que regalaban algo, no se veía un trozo del suelo. En la sala principal tan sólo quedaba un espacio de 15cm. en zig-zag y sorteando calzado, para poder cruzarla. Cientos de cuerpos estaban en aquella sala bajo mantas, descalzos y durmiendo. Una odisea pasar al andén. Decidimos pasar a la sala de espera de primera clase, ríete tú de la 1ª clase!. En ella el panorama mejoraba, pero no mucho. Todos, he dicho todos descalzos, sin calcetines y con los pies sobre sillas y mesas. Ángel no paraba de repetir ‘qué cerdada de país’. En las mesas podías ver un abanico de pinreles y a 20cm de la misma mesa, algunos comiendo con las manos, por supuesto. No tienen ninguna manía.
Llega la bendita hora de subir a nuestro tren y pirarnos de aquí. Desde el puente que daba acceso a la plataforma 5, vemos una escena irreal. Miles de hindúes amontonados para subir a un tren. No os lo vais a creer, pero es cierto. Había gente hasta en la propia vía. Flipamos!!!!
Una vez en marcha, el tren se detiene a los pocos minutos en una especie de apeadero. De repente, se abre la puerta de nuestro vagón y se cuelan hordas de polizones. Calculamos que unos 50 se instalaron en nuestro vagón. Se sentaban en el suelo e intentaban ocupar las literas. Todo esto fue en silencio, sin violencia, simplemente esperaban no ser descubiertos. Tuvieron suerte, el tren arrancó antes de que pasara el vigilante con su porra. Al cabo de 1h de viaje fueron desalojados tranquilamente en la siguiente parada.
Para nosotros no fue una situación cómoda, había mucha gente mayor y madres con bebés y nosotros en nuestras literas cómodamente. Algo surrealista.
Cuando llegó el revisor, Myriam habló con el revisor en una mezcla de inglés, italiano, castellano, catalán y castúo y le exigió recuperar nuestras reservas y mover a la familia hindú. Incluso le cogió el nombre para denunciarlo. Tras unos cuantos minutos de tensión, en los que toda la gente que había en el vagón se acercó a ver que pasaba con la ya conocida ‘curiosidad hindú’ nos movieron a nosotros dándonos dos plazas idénticas a las nuestras pero en otro compartimento más adelante. Está claro que aquí, los guiris somos nosotros.
Una cosa que hemos aprendido es que si hay que discutir conviene que la voz cantante la lleve una mujer, en este país no están acostumbrados a que una mujer discuta y así les coges en fuera de juego, es algo que nos ha dado buen resultado varias veces, sobre todo en las negociaciones. Aunque por suerte la sangre no llegó al río, vamos a dar parte del incidente a la oficina de turismo de India. Habíamos oído que estas cosas pasan, por lo menos ha sucedido en un trayecto corto y donde no necesitábamos dormir.
Ciudad vieja (Ciudad rosa)
Le llaman la ciudad rosa porque en 1876 el marajá de entonces decidió pintarla toda de color rosa, color de la hospitalidad, para darle la bienvenida al entonces príncipe de Gales, (futuro rey Eduardo VII) y la tradición perdura, actualmente el marajá es un gran colega de polo del Príncipe Carlos de Inglaterra.
Que decir de esta parte de la ciudad…
Coges Bagdad o Beirut después de algún bombardeo, le añades más polvo, suciedad, mierda a raudales, perros, vacas, cerdos (de cuatro y de dos patas), y 14 millones de habitantes y ya tienes Jaipur. No me explicaré más a fondo ya que este blog es público. A veces cuesta creer como algunas civilizaciones actuales pudieron tener pasados tan gloriosos.
Tras protegernos con pañuelos la nariz y la boca, nos ponemos en marcha a pasear y conocer lo que queda a salvo del glorioso pasado de la ciudad.
Hawa Mahal
Es el monumento emblemático de Jaipur. Es un extraño edificio de 5 plantas construido en el año 1799 por el entonces marajá de la ciudad, para que las damas de la casa real pudiesen contemplar la vida en la calle sin ser vistas a través de los pequeños postigos rotos. Es un ejemplo más del talento de las construcciones rajputas. Según asciendes el edificio se va estrechando, de hecho, los últimos tres pisos son de apenas dos metros de anchura la profundidad del edificio.
A continuación y después de atravesar hordas de peatones y sortear varios miles de motos y bicicletas, conseguimos llegar al museo ‘palacio de la ciudad’ sanos y salvos, al cual decidimos no entrar por el precio abusivo para extranjeros y sobre todo por que ya hemos visto algún ‘museo-palacio’ en otras ciudades de este país, y ninguno nos a seducido especialmente.
Jantar Mantar
Decidimos acercarnos a este otro museo cercano, mucho más interesante, donde teníamos especial interés en ir.
Se trata de un observatorio astronómico construido por el astrónomo rajputa Jai Sight en 1728.
Dentro, se ubica el mayor reloj solar que hasta ahora he podido ver, posee un gnomon de 27 metros de altura. Además también hay otros relojes solares más pequeños, algunos por cierto mal colocados (abiertos al norte en lugar de al sur) tras la restauración del complejo en 1901.
Me llamaron especialmente la atención algunas construcciones ideadas para medir y calcular orbitas solares y lunares y predecir así los eclipses, así como otras en las que mediante sencillas formas geométricas se estudiaban los ángulos según los que incide el sol en cada mes y se calculaban las estaciones, además así tenían mediciones exactas de latitud y longitud.
Nos llama la atención la cantidad de visitantes que hay en este observatorio, pues tampoco pensábamos que fuese de interés general.
Tras dos días que llevamos aquí ya tenemos unas ganas locas de irnos, pero no hemos encontrado tren hasta el sábado por la noche, eso quiere decir que nos quedan dos bonitos y divertidos días por delante en esta apestosa ciudad.
Nuestro segundo día de calvario en Jaipur lo dedicamos a tratar de buscar algún sitio tranquilo fuera de las murallas de la ciudad vieja, apenas lo conseguimos, llegamos a un parque donde pudimos descansar del bullicio y reposar un poco, pero también vemos infinidad de madrigueras de ratas, algunas como conejos de grandes. Junto al parque se alza un gran palacio, el Albert Hall, es un viejo palacio ahora reconvertido en museo de la ciudad.
Entre ratas, mierda y tubos de escape, vemos una gran manifestación callejera de estudiantes, los cuales a pesar de ser muchísimos, se desplazaban organizadamente y sin provocar mayores atascos.
Esta ciudad nos parece un autentico vertedero, no queremos imaginar esto en verano o en tiempo de lluvias.
Hoy nos hemos ido de visita a Amber y de regreso al infierno de Jaipur, nos marchamos lo antes posible a la estación, no sin antes tener que pelear de nuevo el precio del puto tuc-tuc.
Es difícil describir lo que nuestros ojos vieron al llegar a la estación. Lamentablemente no tuvimos lo que hay que tener para sacar la cámara y hacer fotos. Estábamos atónitos.
Miles de personas abarrotaban la estación. En las taquillas parecía que regalaban algo, no se veía un trozo del suelo. En la sala principal tan sólo quedaba un espacio de 15cm. en zig-zag y sorteando calzado, para poder cruzarla. Cientos de cuerpos estaban en aquella sala bajo mantas, descalzos y durmiendo. Una odisea pasar al andén. Decidimos pasar a la sala de espera de primera clase, ríete tú de la 1ª clase!. En ella el panorama mejoraba, pero no mucho. Todos, he dicho todos descalzos, sin calcetines y con los pies sobre sillas y mesas. Ángel no paraba de repetir ‘qué cerdada de país’. En las mesas podías ver un abanico de pinreles y a 20cm de la misma mesa, algunos comiendo con las manos, por supuesto. No tienen ninguna manía.
Llega la bendita hora de subir a nuestro tren y pirarnos de aquí. Desde el puente que daba acceso a la plataforma 5, vemos una escena irreal. Miles de hindúes amontonados para subir a un tren. No os lo vais a creer, pero es cierto. Había gente hasta en la propia vía. Flipamos!!!!
Una vez en marcha, el tren se detiene a los pocos minutos en una especie de apeadero. De repente, se abre la puerta de nuestro vagón y se cuelan hordas de polizones. Calculamos que unos 50 se instalaron en nuestro vagón. Se sentaban en el suelo e intentaban ocupar las literas. Todo esto fue en silencio, sin violencia, simplemente esperaban no ser descubiertos. Tuvieron suerte, el tren arrancó antes de que pasara el vigilante con su porra. Al cabo de 1h de viaje fueron desalojados tranquilamente en la siguiente parada.
Para nosotros no fue una situación cómoda, había mucha gente mayor y madres con bebés y nosotros en nuestras literas cómodamente. Algo surrealista.
martes, 18 de enero de 2011
Ajmer
Al levantarnos no teníamos ni agua caliente ni luz, hotel de última generación, pero eso sí, al salir de la habitación teníamos un mono delante para darnos los buenos días.
Decidimos subir a un autobús público para ir a visitar Ajmer, 7 rupias, contra las 275 que tuvimos que pagar a los taxistas por llegar de noche.
Al llegar a la ciudad y ver la polución y de nuevo el caos, decidimos poner rumbo al lago.
Ana Sagar
El gran lago de la ciudad, anexo a dos zonas verdes: Dault Bagh y Subash Bagh. Son dos parques que albergan pabellones de mármol con vistas al lago. En estos parques la gente pasea, se reúnen para charlar o simplemente duermen. Una vez más somos los únicos occidentales y nuevamente la atracción. Sólo faltaba que nos tiraran cacahuetes. De hecho es la segunda vez que una hindú quiere fotografiarse con Myriam, a lo cual ella accede gustosamente cual estrella de Bollywood.
Pushkar
De nuevo nos perdemos buscando la estación de autobús para volver a Pushkar. La guardia urbana nos indica justamente la dirección opuesta, menos mal que con buen criterio decidimos hacer lo contrario.
Por la noche, ya en Pushkar, decidimos pasar una rato divertido con Inés, una simpática chica alemana a la que conocimos en Udaipur, y cenar en el restaurante callejero de nuestro amigo Shiva, todo un personaje, se dirigen a los turistas hasta en coreano o hebreo si es necesario.
Decidimos subir a un autobús público para ir a visitar Ajmer, 7 rupias, contra las 275 que tuvimos que pagar a los taxistas por llegar de noche.
Al llegar a la ciudad y ver la polución y de nuevo el caos, decidimos poner rumbo al lago.
Ana Sagar
El gran lago de la ciudad, anexo a dos zonas verdes: Dault Bagh y Subash Bagh. Son dos parques que albergan pabellones de mármol con vistas al lago. En estos parques la gente pasea, se reúnen para charlar o simplemente duermen. Una vez más somos los únicos occidentales y nuevamente la atracción. Sólo faltaba que nos tiraran cacahuetes. De hecho es la segunda vez que una hindú quiere fotografiarse con Myriam, a lo cual ella accede gustosamente cual estrella de Bollywood.
Pushkar
De nuevo nos perdemos buscando la estación de autobús para volver a Pushkar. La guardia urbana nos indica justamente la dirección opuesta, menos mal que con buen criterio decidimos hacer lo contrario.
Por la noche, ya en Pushkar, decidimos pasar una rato divertido con Inés, una simpática chica alemana a la que conocimos en Udaipur, y cenar en el restaurante callejero de nuestro amigo Shiva, todo un personaje, se dirigen a los turistas hasta en coreano o hebreo si es necesario.
lunes, 17 de enero de 2011
Pushkar
Tras 5 horas de viaje en tren, en el que tuvimos como compañero de viaje un ratoncito, llegamos a la estación de Ajmer, que es la más cercana a Pushkar.
De nuevo los únicos turistas, con lo cual, al salir teníamos un rebaño de taxistas peleándose por nosotros. Yo he llegado algo resfriado por los cambios de temperatura, por lo que fue Myriam quien se encargó de la ‘negociación’.
Pushkar está a unos 11 km de Ajmer y hay que superar el Nag Pahar (montaña de la serpiente), que es un puerto de montaña. La distancia, unida al frío que nuevamente hacía, convertía el viaje en tuc-tuc en un suplicio, sobre todo para mí que se me caía la guinda…
El primer precio que nos proponen es 550 rupias, a lo que Myriam les dice a todos los presentes: ¡estáis todos crazys, last price 200 rupies! Al final y tras una ardua negociación, nos vamos a Pushkar por 275 rupias.
Llegamos helados al hotel, la mayor pocilga en la que de momento hemos dormido, pero era demasiado tarde y hacía demasiado frío como para tener manías.
Pushkar es una localidad muy pequeña situada alrededor de un gran estanque sagrado para los hindúes. Según dice la leyenda, Brahma dejó caer una flor de loto en la tierra y surgió esta ciudad. Es un centro de peregrinación, de hecho las cenizas de Gandhi están esparcidas en este estanque.
En esta ciudad conviene cumplir el papel: nada de alcohol, carne, huevos o besos, para no ofender al personal.
Hoy hemos comido un falafel y creemos que estaba hecho con la mano izquierda, no obstante estaba muy rico. ¡No picaba!
New Rangji Temple
Este templo tiene una fachada impresionante pero no hemos podido acceder a él ya que está prohibida la entrada a los extranjeros.
Gurudwara
Este templo nos ha parecido curioso, tiene un reconocible estilo mongol.
Es de los pocos monumentos que palomas no pueden conquistar, ya que su material es resbaladizo y no pueden apalancarse.
Templo de Brahma
Decidimos dividirnos, yo entro a curiosear y Myriam se queda a la guardia y custodia de mis botas y de la cámara, pues no dejan hacer fotos.
Lo que me encuentro al entrar es un templo sucio, lleno de cacas de paloma y de mendigos en el suelo. Tiene un altar central y un pasillo circular. Los fieles se detenían en el punto central y oraban frente al altar de Brahma. Creo que no dejan hacer fotos para que no se sepa lo feo que es.
Al salir, tuve que sortear unas cuantas boñigas hasta llegar a mis botas, que por cierto… no veas como las miran.
Ghats
Alrededor del lago has 52 ghats, aunque están construyendo alguno más.
Uno de ellos recibió el nombre de Gandhi Ghat.
Aquí se bañan o purifican los hindúes y nosotros tenemos que sortear la cantidad de sacerdotes que te venden suerte para tu vida.
Hoy vamos a hacer la colada y esperamos mañana no encontrarnos a ningún mico con nuestras camisetas puestas.
De nuevo los únicos turistas, con lo cual, al salir teníamos un rebaño de taxistas peleándose por nosotros. Yo he llegado algo resfriado por los cambios de temperatura, por lo que fue Myriam quien se encargó de la ‘negociación’.
Pushkar está a unos 11 km de Ajmer y hay que superar el Nag Pahar (montaña de la serpiente), que es un puerto de montaña. La distancia, unida al frío que nuevamente hacía, convertía el viaje en tuc-tuc en un suplicio, sobre todo para mí que se me caía la guinda…
El primer precio que nos proponen es 550 rupias, a lo que Myriam les dice a todos los presentes: ¡estáis todos crazys, last price 200 rupies! Al final y tras una ardua negociación, nos vamos a Pushkar por 275 rupias.
Llegamos helados al hotel, la mayor pocilga en la que de momento hemos dormido, pero era demasiado tarde y hacía demasiado frío como para tener manías.
Pushkar es una localidad muy pequeña situada alrededor de un gran estanque sagrado para los hindúes. Según dice la leyenda, Brahma dejó caer una flor de loto en la tierra y surgió esta ciudad. Es un centro de peregrinación, de hecho las cenizas de Gandhi están esparcidas en este estanque.
En esta ciudad conviene cumplir el papel: nada de alcohol, carne, huevos o besos, para no ofender al personal.
Hoy hemos comido un falafel y creemos que estaba hecho con la mano izquierda, no obstante estaba muy rico. ¡No picaba!
New Rangji Temple
Este templo tiene una fachada impresionante pero no hemos podido acceder a él ya que está prohibida la entrada a los extranjeros.
Gurudwara
Este templo nos ha parecido curioso, tiene un reconocible estilo mongol.
Es de los pocos monumentos que palomas no pueden conquistar, ya que su material es resbaladizo y no pueden apalancarse.
Templo de Brahma
Decidimos dividirnos, yo entro a curiosear y Myriam se queda a la guardia y custodia de mis botas y de la cámara, pues no dejan hacer fotos.
Lo que me encuentro al entrar es un templo sucio, lleno de cacas de paloma y de mendigos en el suelo. Tiene un altar central y un pasillo circular. Los fieles se detenían en el punto central y oraban frente al altar de Brahma. Creo que no dejan hacer fotos para que no se sepa lo feo que es.
Al salir, tuve que sortear unas cuantas boñigas hasta llegar a mis botas, que por cierto… no veas como las miran.
Ghats
Alrededor del lago has 52 ghats, aunque están construyendo alguno más.
Uno de ellos recibió el nombre de Gandhi Ghat.
Aquí se bañan o purifican los hindúes y nosotros tenemos que sortear la cantidad de sacerdotes que te venden suerte para tu vida.
Hoy vamos a hacer la colada y esperamos mañana no encontrarnos a ningún mico con nuestras camisetas puestas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)