Tras un trayecto en tren a Jhansi, cogemos un tuc-tuc hasta la cercana ciudad de Orchha.
Cuando llegamos al hotel, lo tuvimos que comprobar dos veces, era todo un lujazo. Un jardín central y todas las habitaciones dispuestas a su alrededor. Cama con dosel y todas las comodidades. Ya nos lo merecíamos.
La primera impresión del pueblo es muy positiva, lo vemos todo muy limpio, comparado con lo anterior y no te abordan por la calle para comprar. Es una experiencia totalmente diferente a las vividas hasta ahora.
Entramos a comer a un chiringo callejero y nos liamos a charlar con dos franceses, Jean Marc y Agnès, de Biarritz. Una pareja muy viajera que nos ha facilitado direcciones de interés para el resto del viaje. Pasamos una tarde muy agradable con ellos e incluso nos invitaron a una cervecita marca 'Vasco'.
A la mañana siguiente, tras dormir bajo dosel, empezamos el día de maravilla. Visitamos unos ‘chhatris’ (cenotafios) que teníamos muy cerquita del hotel, están abandonados y cubiertos de maleza pero conseguimos entrar en uno de ellos y subir a lo más alto, desde arriba se divisa una panorámica espectacular de otros Chhatris junto al río Betwa.
Ángel se alegra, ya que por fin podemos contemplar algo parecido a un paisaje bonito, sin basuras ni vasos de ‘chai’ tirados por los suelos.
Visitamos el Raj Mahal y el templo de Ram Raja, tanto la cúpula como el templo son naranja y dorado. Es el único donde se venera a ‘Rama’ como si fuese un rey. En su interior un montón de ofrendas florales y mujeres cantando sin cesar.
Este pueblo es muy pequeño, y pasear por sus calles es muy agradable.
Al caer la noche, me he encontrado con unas niñas que me han invitado a jugar. El tablero de juego estaba dibujado con tiza sobre cemento, los dados eran pequeñas caracolas y las fichas palillos y trozos de pulsera de colores. Pinki y Shivani me han enseñado a jugar y hemos pasado un rato muy divertido. Para terminar una foto para despedirnos.
Nos quedaríamos aquí algún día más, pero ya está todo visto y debemos proseguir camino. Hoy Ángel ha comido por primera vez pollo, variando así la rutina, pero tenía tantas especias y era tan fuerte que, podría haber comido una patata o cualquier otra cosa en lugar del pollo y no darse ni cuenta.
Por la noche nos vigilan con sigilo.