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martes, 25 de enero de 2011

Agra

Llegamos a Agra a las 7:30 de la mañana, esta vez el viaje en tren ha sido más tranquilo, aunque ninguno de los dos hemos dormido demasiado. Vamos al hotel, un poco cutre pero correcto para lo que aquí se estila, descargamos equipaje y nos vamos al Taj Mahal.

Cogemos un ciclorickshaw, tracción a dos piernas. El conductor es un señor muy mayor, nos lleva a la puerta sur del monumento. Extrañamente no hay colas, parece que entraremos directamente, sin esperas.

Tras pasar el control policial, accedemos los jardines. Estilo persa, un cuadrado dividido en cuatro partes por canales de agua, evidentemente están vacíos, pues de lo contrario ya tendríamos a cientos de hindúes lavándose los pies y haciendo gárgaras con el agua y esa no sería una bonita postal para los turistas occidentales que somos los que pagamos la entrada a precio elevado, mientras que a ellos que son legión, les cuesta seis veces menos.

La vista del Taj es preciosa según te vas acercando, es blanco y no tiene palomas, lo mantienen muy limpio, cosa rara en India. Myriam tiene los pelos de punta.



Su simetría es total y absoluta. Sus cuatro caras son idénticas y una de ellas, la norte se asoma al río Yamuna.





Grabaciones de las citas del Corán y las composiciones de los adornos son también de mármol, como un puzzle cuidadosamente incrustado en las fachadas. ¡Es una pasada!





El cielo no está del todo azul, pues Agra es otra ciudad-vertedero totalmente contaminada. No se lo que durará este monumento sano y salvo.

Myriam lo lleva mejor, pero yo después de casi un mes en India ya empiezo a estar algo harto de tanta guarrada y comienzo a preocuparme por mi salud mental, de hecho, anoche tuve un sueño en el cual la deriva continental se aceleraba varios miles de millones de veces y, en pocas horas, todo el subcontinente indio terminaba de incrustarse bajo el Himalaya…

En fin, seguimos con el Taj...



Los cuatro alminares del Taj están ligeramente inclinados hacia fuera, otra genialidad del arquitecto, en caso de terremoto caerían hacia fuera y nunca sobre el Taj.

Imágenes de la entrada del templo, ya sobre la gran plataforma de mármol que lo sustenta:



Entramos al Taj, y por dentro decepciona un poco. Es una tumba y por tanto es muy austero, en su interior por cierto, al tener que entrar descalzos había un pestazo a pies importante. Fotografiar dentro del Taj está prohibido, pero los nativos pasan de todo, hacen fotos incluso con flash, por tanto nosotros no íbamos a ser menos:



Reto conseguido, otra maravilla del mundo más para nuestras retinas y el recuerdo.