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martes, 29 de marzo de 2011

Genocidio en Camboya (1975-1979)

Aprovechando nuestra visita a la capital del país, Phnom Phen, hemos querido comprender un poco mejor lo que sucedió aquí hace algo más de 30 años: uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad, y a pesar de ello un gran desconocido para nosotros.

Sabíamos de la existencia de sus mandatarios pero, no lo que realmente sucedió. Quizás a muchos de nosotros nos suene el nombre de Pol-Pot o de los Jemeres Rojos, pero lo que hemos aprendido es que este HIJO DE PUTA dejó a la altura del betún a personajes con más marketing como Hitler, Stalin o la mismísima Inquisición.

Para empezar, digamos que este majadero se calzó en sólo tres años y ocho meses al 25% de la población de su país. En valor absoluto estamos hablando de 2 millones sobre una población de ocho.

Se trataba de un régimen comunista llevado a extremos delirantes. El país estuvo aislado y bloqueado de una forma hermética, sólo apoyado por China y Corea del Norte, no hace falta decir mucho más. Durante este periodo, el pueblo fue expulsado de las ciudades para trabajar esclavizados en el campo. Hicieron desaparecer el dinero, las escuelas y cualquier vestigio de cultura era erradicado. Saber idiomas o gilipolleces como llevar gafas eran motivos suficientes para ser ejecutado.

Paradójicamente mientras el pueblo se moría de hambre, sólo cuatro cucharadas de arroz al día, Camboya se convertía en el mayor exportador arroz del mundo.

Hoy hemos podido visitar los dos lugares que el gobierno del país todavía mantiene en memoria de lo sucedido.

Killing Fields – Choeung Ek


Se trata de un campo de exterminio a escasos kilómetros de la capital.
Allí entre otras lindeces se torturaba y ejecutaba a la gente que provenía de las prisiones sin juicio alguno y se les enterraba en fosas comunes.


Tras las excavaciones han recuperado los restos y los exponen para que no caigan en el olvido. Obviamente nunca serán identificados.




Paseando por la zona se pueden ver perfectamente los agujeros en los que se amontonaban los huesos.


En esta fosa en concreto, se encontraron 100 cadáveres de niños. Junto a ella hay un gran árbol, en él se les golpeaba contra el tronco hasta causarles la muerte para ahorrar munición.


En general todas las ejecuciones eran muy crueles y para ahorrar balas sólo un 29% eran disparados. El 53% moría con el cráneo aplastado, el 6% ahorcado y el 5% apaleado. De hecho era frecuente el uso de los cadáveres como abono.




TUOL SLENG – S21

Se trataba de una antigua escuela reconvertida en infierno, dirigida por un carnicero conocido como Duch. Entre sus muros fueron torturadas unas 16.000 personas, entre ellas unos 2.000 niños que después fueron conducidos hasta el campo de exterminio anterior.


Hoy en día es el museo del genocidio, compuesto por cuatro pabellones que mantienen su aspecto original.


Al entrar, se te hiela la sangre. Está todo documentado, pues fichaban a cada uno se los prisioneros.





Existían diez reglas. No se podía quebrantar, de lo contrario ya sabías cual era el castigo.


Se les torturaba de múltiples formas, a cual más cruel. Pudimos ver celdas individuales con camastros y grilletes metálicos en los que se llevaban a cabo descargas eléctricas.



Otras torturas eran más ‘refinadas’. Los colgaban con los brazos en la espalda hasta que perdían el conocimiento por el dolor, momento en el que se les sumergía la cabeza en cántaros de agua para poder seguir con el interrogatorio.


De todos modos, la imaginación enfermiza de estos mandos no tenía parangón.





Cuando subimos a una de las plantas superiores, pudimos sentir una sensación espeluznante. Celdas de madera contiguas en las que ya sería una tortura oír gritar a los torturados, eso si no eras tú la víctima.



Poder ver estos lugares personalmente y respirar el ambiente que aún existe aquí, impresiona.

Lamentablemente, ni es la primera ni será la última vez que ocurran en la historia de la humanidad sucesos como este.

A día de hoy hemos podido saber que, cuatro de los máximos responsables todavía esperan juicio; que el Duch ha sido condenado por torturador y genocida a 35 años de cárcel por sus crímenes contra la humanidad; pero lo más penoso, y ya sin arreglo, es que Pol Pot, el líder y máximo dirigente del partido Jemer Rojo murió de muerte natural y sin ser juzgado, no pagó por sus crímenes.

Esta imagen del mapa de Camboya habla por sí sola: